Laureano Moya reflexiona sobre los orígenes del Plan Badajoz, la llegada de los colonos, la transformación agrícola y las infraestructuras en Extremadura
por Laureano Moya
Sobre los inicios de la aparición de todos los pueblos del Plan de Badajoz (así se llamó en un principio), voy a darle un enfoque totalmente distinto al que siempre he oído contar a todos los que se han ocupado de informar sobre los comienzos de la vida en estos 45 pueblos de las Vegas Altas y Bajas del que luego se llamaría Plan Badajoz.
Una mirada alejada del contexto político
Para ello, voy a pedir un esfuerzo, quizás imposible para algunos de mis lectores, y es que olvidemos el matiz político de esta época. Es difícil, pero si lo conseguimos, la perspectiva y la visión de los acontecimientos toman una dimensión muy distinta.
No podemos hacer una valoración objetiva de la realidad si no somos capaces de prescindir de aquella situación política y religiosa en que se encontraba España. Hemos de centrarnos en la realidad social y económica de entonces.
Para profundizar en el contenido de aquella realidad, tenemos que aparcar si nos gobernaba un soldado que había ganado una guerra, si era un dictador que había dado un golpe de estado, si era un ángel celestial o era el mismísimo demonio.
Una sociedad marcada por la pobreza
La auténtica verdad es que venimos de una guerra fratricida en la que se había barrido con todos los recursos humanos que el hombre necesita para la supervivencia. Solo hay pobreza, hambre y miseria y muy pocas perspectivas y esperanzas de futuro.
El Plan Badajoz viene a ser como un milagro para muchas personas que se quedaron sin porvenir.
Vinieron aquí por circunstancias muy diferentes:
• La mayoría, porque tenía una carga de hijos elevada y en su lugar de origen no podía encontrar ningún provenir prometedor.
• Otros, porque la situación política los dejaba desamparados, sobre todo a los de ideologías de izquierdas, que eran incómodos para Los alcaldes de sus municipios, que solían ser adictos al régimen.
• Los hubo aventureros que vinieron a probar suerte, huyendo de la miseria que los envolvía.
La formación de los nuevos pueblos
Y así se fueron formando los pueblecitos. Con una mezcolanza de gentes, de costumbres, de tradiciones, de creencias políticas y religiosas, de clases sociales, de diferencias culturales.
Cuando oigo contar cómo llegaron: unos en carros, otros en camiones. A veces varias familias juntas con los cuatro cacharros a cuestas. ¡Y lo cuentan con una pena…! Como la desgracia más grande de su vida. Lo relatan con una visión con los ojos de hoy. Cualquiera que solo tenga la información que estas personas nos aportan, toma una dimensión de la realidad totalmente errónea.
¿Cómo iban a venir? Si dejaban atrás la más absoluta miseria y pobreza. La guerra se había llevado sus inclinaciones, sus aspiraciones y sus proyectos, aunque fueran pequeños. Había sembrado discordias, rencores irreparables, incluso odios, entre vecinos, amigos y familiares, que hacían la vida imposible en la cuna que los vio nacer.
La llegada y una nueva esperanza
Fue llegar aquí y se abre la esperanza. Nos dan una casa para vivir (digo nos porque yo fui uno de los beneficiarios), tierras para cultivar, aperos y ganado para labrar la tierra; economato para recoger las productos básicos para comer …, y pagar a largo plazo, cuando se recoja alguna cosecha.
Solo es cuestión de ponerse manos a la obra.
Las condiciones del Instituto Nacional de Colonización
Las condiciones que les pone el entonces Instituto Nacional de Colonización (INC) son muy favorables: Disponen de media hectárea para huerto familiar, las vacas, de leche y labranza, y la yegua se pagan con las primeras crías hembras que nazcan, sin prisas; si son machos, para el colono, sin ningún problema de prisas ni agobios.
Cierto es que el INC les cobraba el 60% de algunos de los productos que se sembraban y que eran obligatorios, no de todos, como se dice. Y para no faltar a la verdad también se cobraba el 1% para pagar a los capataces agrícolas.
Pero, vamos a ver, ¡habría que pagar lo que nos habían dado!
El resultado para los colonos
¿Cómo les fue?
A muchos muy bien. A otros, muy pocos, no le fue bien. Vinieron equivocados, seguro que pensando en «poner el cazo» y ese no era el trato.
Lo cierto es que si le quitamos esa costra política, esa corteza que lo envuelve en la dictadura franquista, y pisamos, de verdad, la tierra, descubriremos que se obró el milagro.
Sí, el milagro de que convivieran, se respetaran y se ayudaran personas que no se conocían, ni se preguntaron nunca de dónde venían, ni por qué, ni lo que creía su vecino.
El aprendizaje de las labores de regadío
No todos sabían de labores de regadío. Ni siquiera todos aquellos que provenían de la Vega de Granada, que supuestamente serían los modelo y enseñarían a los procedentes de tierras de secano; ni siquiera los capataces agrícolas, que debían orientar a los menos instruidos en estos trabajos.
Pero, eso sí, con sus limitaciones y fatigas hicieron pueblo, crearon una sociedad a base de ofrecer lo mejor que traían de su pueblo de origen y que fue abrazado por sus vecinos hasta hacerlo suyo.
Cada uno aportó lo que pudo: sus fiestas, sus costumbres y hasta su morcilla de cebolla o patatera.
La cultura del esfuerzo
La mayoría de los colonos, no todos, optaron por la cultura del esfuerzo y así, trabajando duro, cosa que les enorgullece y honra, levantaron a sus familias y les infundieron ese espíritu de lucha por el futuro que se les presentaba delante de sus ojos. Solo tenían que amasarlo y cocinarlo a su gusto.
Y lo lastimoso es que quienes cuentan estos orígenes no son los colonos triunfadores, sino los fracasados, apoyados y arropados por los politiquillos de turno cuya misión es desmerecer la gran obra del proyecto de regadíos, que bien es verdad que el tal proyecto fue ideado en tiempos de la República y desarrollado mucho después, durante el franquismo.
¿ Pero, eso qué importa?
La verdad no la debe truncar una obsesión ideológica.
La transformación de las Vegas
De este modo, lograron que estas tierras de secano se convirtieran en un vergel de productividad y riqueza para las abandonadas tierras extremeñas.
Verlo de otra forma, porque nos lo pintan con esos antifaces y mascarillas políticos, que nos envuelven todas las realidades, es vivir en un continuo estado de desconocimiento e ignorancia.
Condenar todo lo bueno que ocurrió porque tenga que ver con la dictadura es algo desmesurado. Y máxime cuando sabemos que esta descomunal obra social no podría hacerla ningún gobierno normal. Era demasiada inversión en una zona que no habrían consentido y no habrían dado su apoyo otras regiones más ricas y poderosas.
La falta de impulso para la región
Ese desprecio y alejamiento continuo por achicar el mérito de la transformación de nuestras Vegas hace que nos veamos privados de las mejoras en nuestras infraestructuras, que tan necesarias son para el progreso de nuestras industrias y nuestras gentes.
Nuestros políticos, regionales y nacionales no han aportado el empeño y el empuje que todavía necesita nuestra tierra. Nuestras industrias primitivas van en declive y desapareciendo. Las producciones de colonos o pequeños empresarios son insostenibles. Ya no se siembra remolacha, algodón, arroz e, incluso, van reduciéndose los cultivos de pimientos, maíz y tomates. Ya les vemos las orejas a los modernos latifundios, solo que en vez de cereales de secano, ahora serán a base de olivares de cultivo intensivo y de poca calidad de aceite o grandes extensiones de frutales, propiedad de solo unas personas o empresas.
Unas infraestructuras bajo mínimos
Las infraestructuras están bajo mínimos: Los caminos no se arreglan, ni se amplía la anchura de las carreteras; el Badén de Talavera sigue siendo tercermundista y así no se levanta nuestra Región.
Laureano Moya

















