por Rut GG
Mona Lisa Overdrive de Juno Reactor (mientras escribo)
El Jaleo Fest estuvo bien. Muy Bien. Tener un espacio como el parque municipal de Montijo convertido en escenario para la música en directo es un privilegio que muchas veces no valoramos lo suficiente.
Charlando con algunos de los artistas, aprendí algo que me caló: cuando se cobra un caché, hay que tocar además de por respeto al público, por respeto al arte.
¿Será cierto eso de que cuando el ritmo suena, la conciencia de quien lo transmite queda en paz?
La noche arrancó con Brooklyn Gypsies.
Actuaron a plena caló, sí, pero lo que mostraron fue mucho más grande. Cada instrumento hablaba, y hablaba con ganas. Con sentido. Con emoción.

Carmen Estévez, de Brooklyn Gypsies, ha sido artista desde siempre. Y eso no es ni bueno ni malo. Es un punto de partida. Como su banda. Como su gente. Como esa charla entre merenderos que me dejó algo claro, lo suyo no es solo música, es autenticidad.

Con ella tocó su hermano Damasito Estévez —sí, sí, de cinco hermanos, cuatro músicos— y Pablo Lo Parte, que se escapó del sur para cerrar con los Brooklyn.


Su mensaje apenas comienza, y esta gira ha sido tan solo el prólogo. ¿Volverán pronto? Yo creo que sí.



Esto no va solo de dar conciertos. Va de educar.
No se trata solo de dar un concierto. Se trata de educar. Subirse a un escenario conlleva años de trabajo para transmitir un mensaje. En estos tiempos tan distópicos, donde explicar las letras del punk de los 80 a nuestros hijos se convierte en un desafío, tener principios importa. Mucho.

Es un trabajo conjunto, del que tiene la voz (como yo ahora), y de quienes estuvieron ayer en el Jaleo Fest.
Un lugar cósmico. De reencuentros. De abrazos intensos que curan.

Y sí, se armó jaleo.
En mitad del bullicio, camino a la barra, uno de los Electrozacho nos preguntó a Blas y a mí:
—¿Qué tal, cómo hemos estado? Con el tiempo iremos mejorando.

Generación del 69.
Eso es humildad. Y también se transmite en su música.

Electrozacho no solo toca. Crea cultura. Mueve a un público local, familiar, intergeneracional. Han construido una marca sin saberlo, y eso tiene un valor incalculable. Porque su música pasa de padres a hijos, de colegas a compañeros, de escenarios a corazones.

Y si piensas en Electrozacho, te teletransportas.

A los bares, las salas, las fiestas… donde te emocionaste alguna vez. Y ahí siguen. La familia continúa.

Amparanoia.
Estuve solo al principio.

Una artistaza Amparo.

Buen «marketing» el de Amparanoia.
Y entonces llegaron Los Ganglios.
(Escribo esto escuchando My Way de los Sex Pistols. No es casualidad.)

A estos los conozco un poco. Pero lo que me dieron anoche fue esperanza.

Porque su música tiene esa rareza; le suena a tu abuela, la baila tu madre, y alucina tu hija.

Pero también evolución, raíces, mensaje. Feminismo. Rebeldía.

Para ellos solté la cámara a los pocos disparos. Fui a buscar a mi hija y a su amiga. Educación musical, en vivo.
Y alucinaron.

Porque las nuevas generaciones necesitan referentes con sustancia. No solo ritmos pegajosos. Y hay bandas como esta que, sanan.
Los Ganglios, para mí, fueron cabeza de cartel.
Sin duda.

María, Juanma, la hábeis vuelto a liar.
Menudo Jaleo.
La música también es trinchera, es mensaje, es resistencia. Y en ese espacio compartido, bajo el mismo cielo y el mismo ritmo, estoy segura de que todas las personas que estuvimos allí sentimos lo mismo: una condena firme al genocidio en Gaza.
Porque no hay libertad sin justicia, y no hay arte sin conciencia. Free Palestine.

PD: me quedé con las ganas de DivinoFino.

Jaleo Fest ha sido posible gracias al patrocinio del Ayuntamiento de Montijo y al trabajo incansable de un equipo que ha cuidado cada detalle para que el evento fuera un éxito.
¿Para cuándo la próxima?

















