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Diario de campaña


por Alfonso Pinilla


 

De la entrevista que el pasado domingo le hizo al Papa el Follonero me interesa, sobre todo, su intrahistoria. ¿Cómo pudo entrar ese hombre ahí?, ¿qué facilidades, o dificultades incluso, tuvo para acceder al sucesor de Pedro?, ¿con qué contactos contó?, ¿de qué manera convenció al servicio de prensa vaticana?, ¿cuántas respuestas no vimos, y cuál fue su contenido, después del trabajo de edición? Todo un arcano que nunca llegaremos a saber, quizá. Al estar más interesado por el antes que por el durante, sólo vi retazos de la charleta, y me quedo con dos momentos: ese en que Jordi le pregunta a Paco, el Papa (eran dos amigos tuteándose), si condenaba el capitalismo; y ése otro instante donde el Pontífice insinuó que eso de la homosexualidad era curable con terapia, como cualquier enfermedad. Puesto que Cristo tenía más de socialista que de liberal –lo dice hasta Sabina– el Papa hizo ascos al capital, pero ni una palabra dijo contra la dictadura comunista venezolana. Hasta él tiene filias y fobias, qué diablos. Sobre la homosexualidad y su recuperación corrió, como sobre Franco, un tupido velo que la Sexta rasgaría al día siguiente, Guayoming mediante. Se confunde nuestro Paco: aunque quiera caer bien a la izquierda, ésta jamás le perdonará, pues no puede haber dos dogmas que compitan, a la vez, en la toma del cielo por asalto.