Ntra. Sra. de Barbaño. Patrona de Montijo. (Foto: Pablo Iglesias Aunión)

por Pablo Iglesias Aunión


Una medida de peso marcado por el sentimiento popular: “el hecho histórico”

Cuando el historiador tiene que afrontar un hecho histórico concreto es decir, un fragmento elegido del pasado, pone a su disposición un conocimiento general específico del propio proceso histórico y un conocimiento más detallado de los problemas de la época concreta que estudia, pero sin cerrar jamás la puerta a posibles modificaciones posteriores, especialmente en el uso de las fuentes que le ayudan obviamente a mejorar y encauzar adecuadamente el análisis y conclusiones a las que llega y que tampoco tienen que ser un punto y final. La Historia es indudablemente una puerta de doble recorrido que no funciona jamás en un único sentido y que es giratoria.

Fuentes inéditas. Libro de Visita Orden Militar de Santiago: 1604- 1605

En el caso que ahora nos ocupa, el hecho histórico de la expresión religiosa y lúdica del pueblo de Montijo en torno a una advocación a un personaje como María de Barbaño, aparece un rasgo nuevo que hemos de añadir y jamás olvidar a todo lo anterior para que su estudio no quede deformado: el fenómeno de la religiosidad.

En torno a la ciencia religiosa y de manera más concreta a la Historia de la Religión, los campos que abarca son enormes: teólogos, filósofos, historiadores, antropólogos, sociólogos, etnólogos etc., los cuales y todos ellos han ido dando unos resultados en sus estudios que ocasionalmente producen posturas encontradas. Fue Julio Caro Baroja en su estudio sobre la vida religiosa en los siglos XVI Y XVII quien nos acercó a la definición de religiosidad de manera que hablaba de “la práctica y esmero por cumplir las obligaciones religiosas, la facultad de practicar una religión, dentro de unas limitaciones individuales que le son impuestas a todo hombre al nacer”.

Encaja perfectamente con el sentir, el quehacer y el comportamiento del hombre montijano desde que se tienen referencias documentales de su actitud ante la imagen de María de Barbaño y que cronológicamente y según las fuentes hasta ahora existentes nos llevan al siglo XVI, aunque al unirlo a ese concepto del hecho histórico del que hablamos al principio, nos podríamos remontar a los siglos XIV-XV (recordemos la existencia del primer templo parroquial ya en el siglo XV del que nos hablan las fuentes santiaguistas, san Isidro) y a las que las fuentes orales y la tradición popular nos vinculan con la aparecida imagen de Barbaño.

Debemos tener otro factor importante en cuenta antes de adentrarnos en las maneras que Montijo se ha ido relacionando con lo trascendental, para que, desde ese pasado, en este presente y deseamos que en el futuro, se siga hablando de las Feria y Fiestas Patronales: la unión de elementos socio-religiosos con los lúdicos.

Desgraciadamente estamos caminando en los temas religiosos en la sociedad actual dentro de un peligroso maniqueísmo es decir, esos dos principios eternos del bien y el mal que luchan entre sí, muy propio del llamado hombre moderno, pensando sobre la Religión de manera abstracta y de las religiones de forma individualizada. El propio hombre de fe que piensa de esta manera maniquea, cree sin duda saber dónde está el bien y dónde el mal. Pero el antirreligioso también lo hace y entonces, en pleno siglo XXI, hablar de religión, de fe transmitida a lo largo de los siglos, de devoción popular, de fiestas patronales parece ser como una cosa producida por la superstición, por el fanatismo, por la incultura y que quienes la defienden o practican llevan siempre una segunda intención impositiva y casi inquisitorial. Nada más lejos de la realidad

Montijo ejemplo de una larga pasión por la tradición en la fe a su Patrona: “lo religioso”

A poco que profundicemos en la historia de Montijo, nos vamos indudablemente a encontrar con su religión. Es algo como casi de un todo dogmático se tratase. Como si de un gran bloque teológico estuviéramos hablando. En la Edad Media, cuando en el siglo XIII Alfonso IX de León conquistó la ciudad de Mérida (1230), comenzando con ello el proceso de repoblación, muchos elementos obviamente históricos se pusieron en marcha, pero a la vez saltaron rápidamente expresiones religiosas y la devoción mariana, fue una de las primeras en propagarse por toda la Comarca que quedaría bajo jurisdicción y administración de la encomienda emeritense y la orden santiaguista.

Esto nos ha permitido ver en el comportamiento del pueblo montijano en torno a la admiración y amor a María (bajo la expresión de Barbaño), una enorme riqueza de matices que llegan incluso a ser legislados eclesiásticamente y que a su vez nos permiten entender la fuerza y arraigo que esa fe, en nuestro caso y en torno a la Virgen, hacen surgir por nuestras tierras. En Montijo supo nacer raíces rápidamente: “Manden los obispos, que de tal modo se observe el uso legítimo de las santas imágenes, que se guarden piadosa y santamente los preceptos que acerca de ellas se dieron en el Concilio de Trento. Por tanto, sólo se pondrá en los velos y vestidos aquel adorno que hubiere aparecido y sido aprobado por el obispo y su vicario” (Concilio Provincial Compostelano de 1565 en el que participó san Juan de Ribera siendo Obispo de Badajoz entre los años 1562 y 1568).

Montijo recibe a la imagen de la Patrona. (Foto: Pablo Iglesias Aunión)

Matices que nacen de la comprensión, que de una ermita en el siglo XVI como la de Barbaño con su imagen, mayordomía (los primeros mayordomos documentados hasta ahora son García Sánchez de Juan en 1553, Juan Pérez en 1554 y Juan Esteban en 1555), se pase a una cofradía en el siglo XVII de la que si bien carecemos documental de libro de fundación o libro original de reglas, la fuerza reguladora de Trento (1545-1563) y la animosidad del pueblo montijano en actividades múltiples y variadas en torno a la imagen como representación mariana así como el importante elemento de bonanza económica, harían que fuera a partir de esta centuria cuando naciera ,como lo fueron haciendo en Montijo un amplio abanico de hermandades marianas, la Cofradía Patronal. Así tenemos ejemplos como Nuestra Señora de Belén, Nuestra Señora del Rosario, Virgen del Carmen, Patronato Nuestra Señora de la Concepción, Nuestra Señora de Piedad o Nuestra Señora de los Remedios (del que nacería un beaterío que dará lugar en el siglo XVIII al monasterio de clarisas).

En la misma consonancia se refuerzan advocaciones comarcales como Virgen de la Caridad, Nuestra Señora de la Concepción, Virgen de la Visitación, Señora de la Fuente, Nuestra Señora del Prado…

La Historia de Montijo une lo religioso y lo histórico en María de Barbaño: la secularización de lo festivo

Entrada imagen de la Patrona en el templo parroquial de san Pedro. (Foto: Pablo Iglesias Aunión)

Al estudiar la vinculación entre el pueblo de Montijo, ermita y Cofradía de Nuestra Señora de Barbaño, comenzamos a caminar desde el siglo XVI por todo un amplio conjunto de actividades de culto que hoy siguen vivas en el reflejo de su fiesta grande, la fiesta patronal.

Prepararse para celebrar la festividad de su titular, adquirir y mejorar sus enseres para que sea el lenguaje visual el que habla, preocuparse por el mantenimiento de la imagen, saber relacionarse con las instituciones eclesiásticas y civiles, expresan claramente como el hombre montijano se ha dejado dominar por lo religioso en su misma historia.

No vamos a entrar ahora y aquí en el tema del momento y la unidad entre la feria y las fiestas, pues ya se ha publicado sobre este aspecto y se recoge en el libro editado por la parroquia de San Pedro en septiembre de 1999, pero sí nos detenemos en el hecho de que, al repasar la historia de esta relación entre pueblo y Patrona, la expresión y advocación popular dejan en herencia un conjunto de símbolos y expresiones que Montijo ha sabido siempre dirigir a María de Barbaño.

Desde los exvotos y ofrendas, las prácticas sacramentales en la ermita con celebraciones de velamientos y matrimonios (recogidos documentalmente), a las rogativas (que, por cierto, hicieron que muchos montijanos testaran a la hora de fenecer a favor de la Hermandad). Rogativas de protección que igualmente generaron un traslado de la imagen desde la ermita a Montijo y un movimiento del pueblo a la ermita mucho más de lo acostumbrado en la actualidad: “Tiene al lado derecho, como se entra en el dicho portal [en referencia a la ermita de Barbaño], un altar de ladrillo en el que se dice misa, cuando se va en procesión allá” (año 1605).

Sin olvidar lo que a la sociedad supo aportar la Cofradía y la ermita como institución religiosa al servicio de Montijo en momentos cruciales como la Guerra de la Independencia (1808-1814), o durante la epidemia del Cólera Morbo sirviendo como lazareto (1854-1855).

Pero sobre todo no podemos olvidar y, es lo que da idiosincrasia a este artículo, que hubo un momento en que se supo secularizar lo festivo-patronal adquiriendo el pueblo de la mano de su fervor mariano actividades como: realizaciones de petitorios para la que fueran donados animales, trigo o cebada que posteriormente era rifados, simbiosis que sabemos adquiere su máxima expresión en la unión de la feria y fiesta en el Montijo de los años 1856-1862.

Y así encontramos en el 8 de septiembre actos que iban desde lo devocional a lo popular, siempre recordando la natividad de María con misas, novenas y sermones, de los cuales estos últimos tenemos referencias en sus libros de fábrica para la festividad mayor de la Patrona ya en 1813 en plena guerra contra los franceses, pagados a tres religiosos; en 1814 a fray Francisco Sierra o 1814 a fray Francisco Simero, religiosos descalzos.

En la expresión de lo festivo por amor desde la fe y desde lo socio-religioso, María de Barbaño se ha convertido en protagonista de novenas, petitorios, rifas, bailes, canciones, fuegos artificiales y mercados en su honor. Exponentes claros que hemos sabido mantener hasta hoy con nuestra Feria y Fiestas Patronales. Es Montijo, desde su histórica religiosidad y piedad popular. Montijanos, felices feria y fiestas patronales 2021.

Fuentes y referencias bibliografías

Inéditas

• Libro de visitas de la Orden Militar de Santiago. Priorato de San Marcos de León. Año 1605
• Libro Fábrica o Cuentas de la Cofradía de Nuestra Señora de Barbaño: 1795-1832.

Bibliográficas

• CARO BAROJA, J.: Las formas complejas de la vida religiosa (Siglos XVI-XVII). Madrid, 1985
• IGLESIAS AUNIÓN, P.: Historia, Religión y fe en Nuestra Señora de Barbaño. Piedad y Religiosidad Popular en Montijo. Montijo, 1999.
• TOPOLSKY, J.: Metodología de la Historia. Madrid, 1985.