Santa Clara. Obra atribuida al imaginero y entallador Francisco Ruíz Amador. Foto: Pablo Iglesias Aunión

por Pablo Iglesias Aunión


El mes de agosto nos trae en su calendario una de las efemérides más reconocidas en el ámbito internacional y que en Montijo tiene una presencia y una realidad que toca a todos los montijanos: Santa Clara de Asís (1194-1253).

El Monasterio del Santo Cristo del Pasmo, conocido popularmente como el convento de las monjas clarisas, tiene su titularidad en torno a esta bella imagen de Juan de Juni (1506-1577), pero dicho convento está bajo la regla y la orden de la rama femenina del franciscanismo que se advoca a Santa Clara como bien queda explicado en su obra Antonio Arévalo Sánchez al escribir en el año 2007 sobre la historia del convento montijano del Stmo. Cristo del Pasmo (págs. 59-64).

No vamos a hablar en este artículo de la vida de la santa como tampoco lo vamos a hacer propiamente del conventual al que ya le hemos y le han dedicado (especialmente al llegar esta fecha), más de un trabajo. En esta ocasión lo hacemos en torno a la figura de Francisco Ruíz Amador, uno de los maestros imagineros y entalladores del siglo XVIII que trabajaron para dicho convento, pues no olvidemos que como conventual se erigió en 1704 es decir a inicios del mencionado siglo XVIII.

Igualmente quiero de antemano agradecer a la doctora María del Carmen Vega Vera las aportaciones documentales que me ha hecho llegar a través de su tesis doctoral inédita, tesis que precisamente lleva por título Estudio y catalogación de las obras del siglo XVIII realizadas por el entallador Francisco Ruíz Amador la cual fue presentada en Sevilla en el año 2015. Sin sus aportaciones, este artículo hubiera sido completamente imposible de realizar.

Uno de los aspectos más interesantes que ofrece la Historia y concretamente la investigación histórica es que ésta, la Historia, tienen siempre las “puertas abiertas hacia adelante”. Analizamos el pasado efectivamente, pero para que ese mismo pasado nos permita abrirnos camino hacia un futuro el cual lo debemos construir con sólidos asientos históricos. Es una de las cuestiones por las que se ama a la Historia. El contenido de este artículo bien pudiera ser uno de esos casos al dar respuesta a interrogantes que quedaron antaño sin resolver. Quizá por una falta de estudios, se atribuyeron y situaron elementos concretos donde luego tesis académicas como los que presentó en la Universidad de Sevilla la doctora Carmen Vega Vera, aseveran y apuntan hacia otras realidades.

Francisco Ruíz Amador: 1676 -1748

Firma del artista. Fotografía: Carmen Vega Vera

Su nombre era Francisco Hernández Amador. Nació en 1676 en Badajoz en el seno de una familia humilde. Era conocido con el sobrenombre “el Mayor” para diferenciarlo de su hijo al que se le llamaba “el Mozo” (así lo afirma Pedro Castellano Bote en un artículo publicado el 25 de septiembre del 2015).

La producción de Ruíz Amador es impresionante como lo demuestran las numerosas obras para las que fue requerido gracias a su capacidad para dominar una técnica peculiar y particular: “…caracterizada por una talla fantasiosa y recargada con numerosos juegos volumétricos propios del periodo barroco” (así lo expresa la doctora Carmen Vega su tesis doctoral, pág.37).

Nos interesa de sobremanera intentar entender por qué aparecen obras atribuibles a este artista en Montijo. La respuesta la podemos encontrar en la misma Extremadura del siglo XVIII cuando Badajoz se convierte en una capital a la que recurren localidades de alrededor para hacer encargos a los numerosos maestros existentes -caso de la villa montijana- y Ruíz Amador es en estos momentos es uno de los artistas más sobresalientes en el ámbito imaginero y como entallador.

Obviamente muchas de sus obras no saldrán directamente de sus manos como ocurre a lo largo de la historia del arte con los principales maestros, pero Ruíz Amador gozaba de un taller con trabajadores a su cargo de ahí que tanto esculturas y retablos (como bien se le atribuya la de Santa Clara en Montijo y otras de las que ahora hablaremos), pudieran estar dentro de su estilo.

Junto a él pulularán otros artistas que se encargarán de la policromía de tallas o de realizar los cuadros que estructuran los retablos que Ruíz Amador y su taller realizan. Es el caso del maestro pintor Alonso de Mures (1688-1760), del que recordemos se le atribuyen en Montijo obras como María Magdalena (ático retablo ermita de Jesús Nazareno), Nuestra Señora del Carmen y Ecce Homo, lienzos pertenecientes al retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio (parroquia san Pedro), retablo que parece ser atribuido a Ruíz Amador. De Mures también se le atribuye un lienzo en la sacristía de la parroquial de San Pedro Apóstol sobre la Inmaculada.

Junto a Mures encontraremos en Montijo a pintores como Juan Eusebio de Estrada (1717-1792, Huida a Egipto de 1755, parroquia de San Pedro Apóstol) y su hermano Ignacio José de Estrada (1724-1790), quienes trabajaron en la bóveda de la ermita de Jesús Nazareno lo que hace rico el siglo XVIII para Montijo.

Francisco Ruíz Amador tiene obras repartidas por toda Extremadura: Badajoz, Torres de Miguel Sesmero, Salvaleón, Feria, Villanueva del Fresno, Talavera la Real, Alburquerque, Plasencia, Garrovillas del Alconétar y todo un largo etcétera que nos conducen hasta Montijo.

Francisco Ruíz Amador y Montijo

Recientemente a raíz del proceso de restauración de los lienzos pertenecientes al retablo de las Benditas Ánimas del Purgatorio, la doctora Carmen Vega (encargada de dicho proceso de restauración tal y como además publicamos en este mismo medio), atribuye la posibilidad de que el retablo sea obra de Ruíz Amador, al igual que en su momento lo atribuyera Francisco Tejada Vizuete. Efectivamente, hay muchos elementos que aparecen en similitud a otras obras de este artista y que enlazan su maestría con este retablo existente en la parroquia de San Pedro:

Querubines pertenecientes a diferentes retablos de Ruíz Amador. Fotografías: Carmen Vega Vera.
Querubín retablo Ánimas Benditas del Purgatorio. Montijo. Foto: Pablo Iglesias Aunión

Otro de los retablos atribuidos a Ruíz de Amador y que en el año 2000 durante su proceso de restauración así lo hiciera Francisco Tejada Vizuete, es el de la ermita del Hospital Jesús Nazareno y que la doctora Carmen Vega igualmente lo atribuye con elementos compositivos que le dan una semejanza que refutan la idea de un nuevo encargo para Montijo y para una ermita la cual también parece recoger otras obras que le son señaladas en el campo de la imaginería y que estarían configuradas por San Juan Evangelista y Simón de Cirene (véase la nota que referencia en la bibliografía a Pedro Castellanos Bote).

Volviendo al mencionado retablo de la ermita de Jesús, podemos observar los parecidos con otros retablos nacidos de la mano del maestro Amador. El retablo de Jesús Nazareno pudo ser realizado entre los años 1725-1730 (Carmen Vega, pág. 323 de su tesis):

Retablo ermita de Jesús atribuido a Ruíz de Amador. Junto a éste, detalles de otros retablos de Ruíz Amador. Fotos: Carmen Vega Vera – Pablo Iglesias Aunión

La cronología de este retablo y la aparición de otro realizado sobre mural en la pared tapada por éste, ratificaría la tesis que hemos defendido siempre y que así ha quedado expuesta publicándose en libros como el de la Historia de la Comarca de Lácara
(Adecóm-Lácara, 2000) o en jornadas y coloquios de Historia (Trujillo año 2004), que el hospital de pobres Jesús Nazareno debió fundarse en Montijo en torno al último tercio del siglo XVII y en fechas no muy alejadas a la desaparición del primer hospital que en el año 1605 refieren los visitadores de la Orden de Santiago.

“Ecce Homo”. Parte del retablo mural anterior al actual atribuido a Ruíz Amador, posiblemente del siglo XVII y que apareció en la capilla mayor de la ermita de Jesús. Foto: Pablo Iglesias Aunión.

Francisco Ruíz Amador y Santa Clara: conventual del Cristo del Pasmo

Pero lo que indudablemente nos trae hasta este entallador e imaginero en estos momentos, es la atribución que se hace a este artistas de la imagen de Santa Clara, imagen que se encuentra en una hornacina labrada en la nave central al lado de la epístola de la iglesia del conventual montijano. Al parecer no fue su lugar de origen tal y como nos vuelve a indicar Carmen Vega Vera en su tesis doctoral, ya que cambió de ubicación pues hasta las obras realizadas en 1969 la iglesia tenía un retablo mayor donde en la calle central se encontraba el Santísimo Cristo del Pasmo y flanqueándolo, las imágenes de San Francisco y Santa Clara.

Al proceder a la antedicha reforma, la imagen de Santa Clara fue ubicada en una de las hornacinas excavadas en el
muro del evangelio.

Santa Clara en el Retablo Mayor. Foto: Pablo Iglesias Aunión

Centrándonos en la imagen, se trata de una talla la cual iconográficamente representa nada más y nada menos que a la titular de la rama femenina del franciscanismo, Clara de Asís. Es una imagen (124 cm. de alto), de estilo barroco realizada en madera tallada que se encuentra en buen estado de conservación. La restauradora Vega afirma: “En la pared del evangelio, insertada al muro de la iglesia se encuentra ubicada la imagen se Santa Clara, que presenta rasgos característicos de la obra de Francisco Ruíz Amador.” ( cita Carmen Vega de su tesis doctoral, pág. 331).

Se trata de una escultura de bulto redondo donde el autor consigue dar volumen mediante el ensamblado de diferentes bloques de madera hasta lograr alcanzar las dimensiones referidas. Está sobre una peana y aparece vestida con los atuendos de la época: “Tallada sobre su cuerpo tiene una túnica de manga larga sobre la cual se superpone un manto que cae sobre ambos hombros. La túnica y el manto poseen unos pronunciados y dinámicos paños. Alrededor de la cabeza porta una cofia ajustada y sobre esta un velo.

En el brazo derecho sustenta un báculo y con la mano izquierda agarra un ostensorio de plata. Para rematar la imagen en su cabeza se inserta una aureola de plata y piedras preciosas en forma de diadema. La expresión de la cara sigue los esquemas propios de nuestro artista” (cita Carmen Vega de su tesis doctoral, pág. 338).

Detalle rostro de santa Clara. Foto: Carmen Vega Vera

Ruíz Amador ha dejado su impronta en aquel Montijo del siglo XVIII. Artista de relevancia y maestro entallador que fue de la catedral de Badajoz donde podemos por ejemplo observar entre otras obras su retablo del órgano mayor (aproximadamente de
1727), el retablo del trascoro (igualmente de 1727), la imagen de San Pedro en la capilla mayor de la catedral (sobre 1717) o el retablo de la capilla de Santa Bárbara con similitudes al retablo de Jesús Nazareno en Montijo (aproximadamente de 1724).

Sin duda se suma así a la presencia de otros artistas y a la existencia en Montijo de obras pertenecientes a maestros como Alonso García Mures o los hermanos Estrada, lo que hace de nuestra villa sustento de un rico patrimonio que en muchas ocasiones hemos defendido y difundido.

Sirvan pues estas aportaciones para conocer un poquito más de nuestro bello pasado, en base siempre a la documentación y a las fuentes historiográficas y bibliográficas que eliminan y que ayudan en toda investigación a dejar de lado la suposición y nos acercan
un poco más a nuestra historia y especialmente a la historia de este conventual del Santo Cristo del Pasmo cuyas monjas clarisas festejan a su patrona en este 11 de agosto, día de Santa Clara.


Bibliografía Utilizada

  • Vega Vera, María del Carmen: Estudio y catalogación de las obras del siglo XVIII realizadas por el entallador Francisco Ruíz Amador. Facultad de Bellas Artes, Departamento de Pintura. Universidad de Sevilla, 2015. Tesis Doctoral inédita.
  • Iglesias Aunión, Pablo: El hospital ermita Jesús Nazareno en Montijo. Siglos XVII-XX. Actas del Congreso Internacional sobre la figura del Padre Cristóbal de Santa Catalina y las Cofradías Jesús Nazareno. Córdoba-Mérida, 1990.
  • Castellano Bote, Pedro: Francisco Ruíz Amador. Disponible en: https://www.lahornacina.com/semblanzasamador.htm
  • Arévalo Sánchez, Antonio: Las clarisas de Montijo. Historia del Monasterio del Santo Cristo del Pasmo. Cáceres, 2007.