Publicidad
por Radio Iluminado Núñez de Montijo del PCE

Carta al director de La Ventana de las Vegas Bajas:

Los integrantes del Partido Comunista en Montijo, habiendo leído el artículo en esa revista sobre la legalización de nuestro partido el día 7 de abril de 1977, nos gustaría dar nuestra opinión sobre el tema y de cómo nosotros lo vivimos desde dentro.

Muchos de nosotros hicimos la historia de la Transición en los pueblos, fuimos protagonistas activos, y lo seguimos haciendo a lo largo de toda nuestra vida. Ahí están los ejemplos de nuestros camaradas fusilados por los golpistas, otros encerrados durante muchos años en las cárceles, después sufriendo la marginación y el aislamiento social en una sociedad miedosa y controlada por los de arriba.

Durante la Transición, el poder de los franquistas en el Estado utilizó el miedo para que el pueblo y sus organizaciones no se atrevieran a intentar la ruptura democrática. El miedo a las fuerzas vivas del Régimen franquista, a una involución, y el tacticismo oportunista llevaron a los dirigentes de los partidos y sindicatos de izquierda (PCE, PSOE, CC.OO. y UGT) a un pacto en el que no se produjo la depuración de los artífices de la dictadura, como se hiciera en la Europa donde gobernó el fascismo. La diferencia es que allí fue derrotado y aquí venció. Eso hace que sus herederos se sigan sintiendo orgullosos de aquél período.

Los que fabricaron el mito de “la Transición modélica” han creado un relato falso, encumbrando a dirigentes como Santiago Carrillo, Felipe González o Adolfo Suárez como modelos de generosidad y responsabilidad por el bien de España.

Los EE.UU. diseñaron junto a la socialdemocracia alemana y la oligarquía española el modelo de “transición hacia la democracia”, donde en un principio se dejaba fuera de juego al PCE y a los partidos republicanos. En marzo de 1976 se creó la Plata-Junta donde se tuvo que renunciar a varios puntos del programa de la Junta Democrática; a pesar de ello se intentó marginar al PCE en las negociaciones con Adolfo Suárez.

Aitor Riveiro publicaba en El Diario.es del 19 de enero del presente año un artículo titulado: “La CIA desvela que Santiago Carrillo defendió la permanencia de las bases de EEUU en España en 1975” a un responsable de la revista Time. «Los americanos pueden estar en España mientras los rusos mantengan tropas en Checoslovaquia». El secretario general del PCE en 1975, Santiago Carrillo, defendió así la presencia de las bases que por entonces tenía EEUU en suelo español, según un informe del espionaje de EEUU desclasificado esta misma semana por la CIA… El documento está fechado el 15 de julio de 1975, meses antes de la muerte del dictador Franco… Carrillo, aseguró que el reinado de Juan Carlos duraría «un par de meses» y mostró sus preferencias por los derechos dinásticos de Don Juan…”

En un artículo publicado por El País el 30 de mayo de 2010 titulado “EE.UU. y la Transición” que es un extracto de un texto de Charles Powell, embajador de EE.UU. en aquellos años, se dice: “España pasó de la dictadura a la democracia en plena guerra fría, lo cual condicionó la actitud de Estados Unidos, preocupado por mantener el acceso a las bases militares y alejar a los comunistas de toda esfera de influencia.»

Suárez y el presidente norteamericano Carter se reunieron el 29 de abril de 1977. Continúa diciendo Charles Powell: “Lógicamente, la reciente legalización del PCE -el sábado 9 de abril de 1977- fue uno de los temas suscitados por Suárez en la entrevista con Carter. Suárez explicó que, tras muchas dudas, se había llegado a la conclusión de que la exclusión de los comunistas habría puesto en duda la legitimidad de la consulta electoral, y que en todo caso las encuestas vaticinaban al PCE un resultado bastante modesto. Por otro lado, a pesar de haber provocado la dimisión del ministro de la Marina, Gabriel Pita da Veiga, la reacción posterior de las Fuerzas Armadas había demostrado que era un riesgo asumible…”              

Por ello y mucho más, no es verdad lo que repiten aquellos de que “lo que se hizo es lo único que se podía hacer”. Esta es una visión determinista de la historia que sólo sirve para justificar lo ya hecho. La dirección carrillista del PCE abandonó el proyecto de ruptura democrática y aceptó, no una ruptura pactada como a veces se ha formulado, sino una reforma pactada. En la etapa de reforma política -1977/1979- la dirección carrillista del partido dio marcha atrás en muchos de sus planteamientos estratégicos para conseguir la legalización y la tranquilidad de los poderes fácticos (desmovilización de los trabajadores, pacto social con la patronal, etc.). El alabado “consenso” sirvió para crear un estado de desencanto en el pueblo y un confusionismo entre el PCE y el PSOE de cara a los votantes. El partido perdió la garra que había tenido durante la dictadura y su atractivo para los sectores populares.

Tras la aprobación de la Ley de Reforma Política, el Gobierno de Adolfo Suárez legalizó al PSOE en febrero de 1977 junto a otros partidos, pero no se atrevió a legalizar el PCE. El 27 de enero de 1977, Carrillo se encuentra con Suárez y aquél se compromete a que el PCE renuncie a reivindicar la república a cambio de la legalización (una encuesta hecha en aquellos años daba mayoría de los que preferían la República a la Monarquía por eso se negó Suárez a hacer un referéndum).

Cuando ya había publicado Suárez el Real Decreto de 18 de marzo de 1977 convocando elecciones a Cortes Constituyentes, el día 9 de abril legalizaría al PCE previa aceptación por su dirección de la monarquía parlamentaria, la bandera monárquica, la tramposa Ley D´Hont (que se inventó para cortar la posibilidad de triunfo a medio plazo del PCE, como ya han declarado algunos de sus artífices) y varias concesiones más. El PCE elaboró la política de “concentración democrática”, del consenso, que llevó a los Pactos de la Moncloa, al Estatuto de los Trabajadores, a la Constitución de 1978 (con un rey impune a la Justicia) y la unidad nacional tutelada por el Ejército. Una de las grandes cesiones carrillistas fue cerrar Radio España Independiente, la “Pirenaica”, el 14 de julio de 1977; ahora todos los grandes medios de comunicación están en manos del capital.

Era el oportunismo carrillista, comienzo del declive del partido; muchos militantes lo abandonaron. El día 15 de junio de 1977 tuvieron lugar las primeras elecciones a Cortes Constituyentes; ganó la UCD, el PSOE obtuvo 120 diputados y el PCE solamente 19.

En abril de 1978 celebramos el PCE el IX Congreso donde, por decisión vertical de Carrillo, abandonamos el leninismo y se reafirmó en los pactos cupulares de la Transición. La eliminación del «leninismo» de sus principios ideológicos fue objeto de críticas por parte del llamado sector prosoviético, pero la crisis se desató después de las elecciones de marzo de 1979 cuando las expectativas de que el PCE obtendría un resultado mucho mejor que el obtenido en 1977 no se cumplieron.

Arreciaron entonces las críticas a la dirección personificada en el secretario general. Esto lo llevaría a dejar la secretaría general en manos de Gerardo Iglesias, en noviembre de 1982. Con él no tardó Carrillo en tener fuertes enfrentamientos que culminaron el 15 de abril de 1985 con la expulsión del partido de Carrillo y sus seguidores. «Lo que vais a hacer os va a costar mucho más caro» advirtió Carrillo a la dirección.

La deriva socialdemócrata del partido provocó la escisión de los leninistas a finales de 1983, encabezados por Ignacio Gallego, y la fundación del PCPE.

José Mario Armero, abogado en España de las más importantes multinacionales norteamericanas y un hombre con muchos contactos en el Departamento de Estado de EE.UU., el 20 de octubre de 1983 escribe en un artículo de prensa:

«La realidad demuestra que hoy en España gobierna un partido socialdemócrata, europeo, occidentalista, pronorteamericano y decididamente atlantista. En un año de gobierno, los hombres del PSOE han cumplido un papel realmente singular: la casi destrucción de la izquierda tradicional española, en buena parte marxista y revolucionaria, que seguía una tradición muy distinta a los nuevos derroteros que han tomado los jóvenes dirigentes socialistas. Realmente nada tienen que ver con Pablo Iglesias, ni con Francisco Largo Caballero, ni siquiera con Rodolfo Llopis. Y han conseguido sustituir lo que siempre se ha considerado como izquierda por una socialdemocracia, que es un amplio fenómeno donde cabe la libre empresa, la propiedad privada, los europeos, los norteamericanos y la OTAN”. La oligarquía había conseguido su objetivo.

Santiago Carrillo anunció 4 de diciembre de 1986 la creación de un nuevo partido eurocomunista con el nombre de Partido de los Trabajadores de España-Unidad Comunista (PTE-UC). Tras fracasar estrepitosamente en las elecciones generales de 1989 (en las que apenas consiguió 86.257 votos) el PTE-UC decidió integrarse en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en octubre de 1991.

Javier Cercas explica cómo el líder comunista se convirtió en un héroe de la retirada: “Carrillo –y con él toda la vieja guardia del PCE– también renunció a ajustar cuentas con un pasado oprobioso de guerra, represión y exilio,… Carrillo renunció a los ideales de toda una vida y eligió la concordia y la libertad frente a la justicia y la revolución”.

Por ese papel Carrillo ha sido y es aplaudido y encumbrado por el Sistema, por los poderes fácticos, por la oligarquía económica, porque le sirvió a su diseño de paso de la dictadura a una democracia “vigilada”. Pero los que estamos dentro del PCE pensamos que es necesario un partido muy diferente, lo mismo que nuestro Secretario General José Luís Centella refleja en un artículo, del 18 de enero de este año, titulado “En torno al debate sobre reforma y ruptura“. También pensamos lo mismo que dice nuestro Coordinador General de IU Alberto Garzón en el artículo de Andrés Gil “Carrillismo: izquierda posibilista o izquierda domesticada”, publicado en Eldiario.es el día 9 de enero del presente año.

Nosotros somos una izquierda rupturista no domesticada. Nuestro modelo de Secretario General no es Carrillo sino José Díaz, Dolores Ibárruri, Julio Anguita…

Y con la claridad que nos dan los años transcurridos y los resultados obtenidos, lo decimos claramente, muchos afiliados al partido fuimos cómplices -en aquellos años- de esa táctica oportunista por disciplina de partido, por no romperlo, aunque lo hicimos a regañadientes. El tiempo ha ido aclarando el error de aquella senda. ¿En qué han quedado los partidos eurocomunistas de Italia, Francia, etc.?…