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La actriz montijana, Laura Moreira, ha formado parte del elenco de la obra Las Suplicantes en la 67 edición del festival internacional de Teatro Clásico de Mérida. Laura, nos hace un balance de su participación en el festival emeritense y nos adelanta algunos de sus proyectos futuros.

¿Cómo es actuar en el Teatro Romano de Mérida?

Es la tercera vez que actúo en el Teatro Romano, pero siempre es un placer volver a ese hermoso templo. Sin duda alguna es un privilegio y una suerte poderlo pisar y disfrutar, sentir el calor de esas piedras, y dejarte alumbrar y acompañar por esa luna hermosa de verano. En él se respira un aire especial y eso se siente y se comparte con el público.


¿Es diferente a actuar en otros teatros?

La gran y evidente diferencia es el tamaño, su magnitud, su antigüedad y su valía histórica como monumento.

No hay quien discuta eso. Da mucho gusto y mucho respeto saber que por ahí ya pasaro antes, muchos y muchos más intérpretes. Además tengo que reconocer que escuchar a dos mil y pico personas aplaudiendo al mismo tiempo es emocionante, claro que sí, pisar esa arena, entrar al espacio sagrado por la Valva Regia absolutamente recomendado al menos una vez en la vida. Pero yo soy de las que considera que todos los teatros, todos los espacios escénicos son sagrados, importantes y mágicos. Todos son merecedores de una buena interpretación, de una buena programación, de un cuidado.

Ahí donde el actor, o la actriz se encuentra con el público, y se mecen las palabras, ahí hay Teatro. El otro día lo decía, no hay público más o menos importante, lo hay más o menos numeroso.

Háblanos sobre tu papel en la obra

En Las Suplicantes, yo formaba parte del coro de Danaides, las hijas de Dánao que huyen de sus primos y dueños, los hijos de Egipto, esquivando una boda forzada, una muerte (en vida) segura. Gracias a un padre que rompe con la tradición patriarcal, conseguirán atravesar el Mediterráneo y llegar a Grecia, a las tierras de Argos donde pedirán, suplicarán, a su rey, refugio y asilo. Allí conseguirán disfrutar de una libertad que por derecho y justicia no se les debería haber cuestionado. Es allí también donde ayudarán a unas madres argivas a dar sepultura a sus muertos, para que puedan de alguna manera despedir sus cuerpos
con un último beso.

Haznos un balance del festival en tiempos de pandemia

El balance que puedo hacer es tremendamente positivo. Hemos estado programados cinco días, con cinco llenos. Y me consta que no hemos sido los únicos en llenar.

Creo que esta pandemia nos ha confirmado nuestro gusto por la cultura, por el arte, pese a los cierres, aplazamientos y demás eventos suspendidos. La cultura es sanadora y el teatro en concreto es dialogante, es comunicación, es comunión. Es la gran fiesta de las emociones y sobre todo es un lugar seguro. No apostar por ello sería no entender la Vida.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Recientemente fui becada por la Nave del Duende para desarrollar un trabajo en solitario, unipersonal. Este nuevo proyecto que empezaré a trabajar en breve se llama Grosella. Yo también soy la autora del texto y está dirigido por Eva Romero, la directora de Las Suplicantes, precisamente…

Podré compartirlo con el público a partir de febrero. Aquí en el Teatro Nuevo Calderón de Montijo estará programado en marzo. Os espero.

Pero hay otros proyectos cociéndose en mi cabeza, en mi corazón. Próximamente, en noviembre estrenaremos Buba, de la compañía Vistequiénteviste. Un espectáculo infantil que estoy teniendo la suerte de dirigirlo y os recomiendo a todos.

Y por supuesto no dejo de contar cuentos, cuentos para grandes y pequeños, aquí y allí, ahora y siempre.

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