María Piñero García celebra 102 años de vida en Puebla de la Calzada, rodeada de su familia

María Piñero García cumple 102 años
María Piñero García cumple 102 años. (Foto: Cedida).
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“Con carácter, ternura y memoria intacta”, así definen a esta centenaria extremeña

Nació en 1923, sobrevivió a una guerra, crió a su familia en el campo, cuidó su casa hasta el último detalle y hoy, a sus 102 años, María Piñero García sigue saliendo cada mañana a la puerta de su casa para conversar con sus vecinas. “Es la reina de su familia y un ejemplo de vida para todo un pueblo”, afirma Daniel Germán, portavoz de Extremeños Centenarios, la iniciativa que da visibilidad a quienes superan el siglo de vida en la región.

María nació el 19 de septiembre de 1923 en la calle de la Cruz de Puebla de la Calzada, en el seno de una familia humilde. “Hija de agricultor y ama de casa, fue la mayor de cuatro hermanos y aún vive con dos de ellos”, explica Guzmán. Hoy comparte su día a día con Diego (96) y Evarista, rodeada de sus hijas, nietos y bisnietos.

“Nunca dejó de luchar, ni en los tiempos más difíciles”

Dejó la escuela a los 13 años “para ayudar a su familia durante los años más duros”, recuerda Germán. “Trabajó en casas particulares desde muy joven, siempre con fortaleza y una ética de trabajo admirable”. A los 28 años conoció a su esposo, Manuel Cardenal Rodríguez. Se casaron en octubre de 1951 y vivieron durante siete años en el cortijo El Garbancillo, en Montijo.

“Después volvieron a Puebla, a la casa que heredó de su madre”, detalla Germán. Allí criaron a sus hijas Santa e Inés María. “Su vida fue siempre un acto de entrega: al hogar, a los suyos, y a su comunidad”.

“Su casa siempre impecable, las plantas cuidadas y el gato Curro como compañero”

María ha sido conocida entre los vecinos por su carácter decidido. “Tenía una frase que nadie olvida: ‘las fregonas son una guarrería’”, dice Guzmán entre risas. “Fregaba de rodillas porque así se sentía más limpia la casa”.

Durante 21 años, compartió su hogar con Curro, un gato que, según su familia, “la acompañó como un miembro más”. Hoy, con más de un siglo encima, aún recuerda cada rincón de su infancia, cada gesto de su marido —fallecido hace 15 años— y cada visita de sus nietos y bisnietos.

“Lo que más valora es que la vayan a ver, que le den cariño. Eso la mantiene alegre y viva”, subraya Germán.

“Tengo la salud perfecta”, dice ella con orgullo

Hace dos años y medio sufrió una fractura de cadera, pero ni eso ha conseguido frenar su espíritu. “Se recuperó con una entereza que sorprende. Ella misma dice que tiene una salud perfecta, y no está muy lejos de la verdad”, afirma el portavoz.

Cada mañana sale con su hija Inés Mari a sentarse en la puerta, donde comparte charlas, risas y recuerdos con sus vecinas de siempre.

A sus 102 años, María no solo conserva su memoria intacta: “Conserva el alma viva de un pueblo que la admira”, concluye Germán.

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