Eulalia Villarin: “La soledad impuesta es una jaula que afecta directamente a la salud”
La soledad no deseada es una realidad silenciosa que afecta a personas de todas las edades y contextos, con consecuencias directas sobre la salud física, mental y emocional. En esta entrevista, Eulalia Villarin Alvarado, trabajadora social del Núcleo de Salud Comunitaria del Centro de Salud Montijo – Puebla de la Calzada, profundiza en qué es la soledad impuesta, a quiénes afecta y qué recursos comunitarios están disponibles para afrontarla con apoyo y acompañamiento.
¿Cómo se define la soledad y qué tipos existen?
Según la Real Academia Española, la soledad es la carencia voluntaria o involuntaria de compañía; por lo tanto, a la hora de hablar de soledad tenemos que diferenciar entre “soledad querida/deseada y soledad impuesta”.
El término «querida» añade un matiz de cercanía, afecto o incluso aceptación hacia la soledad, indicando una relación personal con ella.
Algunas personas prefieren pasar tiempo a solas, encontrando en la soledad un espacio para la reflexión, la creatividad o la recarga de energías.
En otros casos, «soledad querida» puede referirse a una forma de aceptar la soledad como parte de la vida, reconociendo que a veces es inevitable y buscando encontrarle un valor positivo.
En resumen, «soledad querida» es una frase que expresa una relación personal con la soledad, ya sea como una elección o como un estado emocional que se acepta y, en algunos casos, incluso se valora.
¿Y cómo se vive la soledad impuesta?
La soledad impuesta se refiere a la experiencia de sentirse solo o aislado en contra de la propia voluntad, generalmente como resultado de circunstancias externas o situaciones que limitan las interacciones sociales. Es una sensación de aislamiento que no se busca, sino que se padece, y puede generar malestar emocional, tristeza o incluso depresión.
En la soledad impuesta la persona anhela conexiones sociales y compañía, pero se ve privada de ellas.
¿A quién puede afectar esta forma de soledad?
Hay que explicar que la soledad, cuando fundamentalmente es impuesta y sus consecuencias, no sólo afecta a personas de avanzada edad, sino que también puede afectar a todo tipo de edades, circunstancias y contexto social.
Evidentemente existen factores como la edad avanzada, falta de red de apoyo social y familiar y situaciones de discapacidad física, psicológica, etc., que afectan de forma negativa en el afrontamiento y aceptación de la misma.
¿Qué relación hay entre soledad y salud?
La salud abarca todos los aspectos de la persona: física, psíquico, mental y social, por lo que la soledad impuesta puede hacer que enfermemos y su aceptación es un pilar fundamental para que podamos disfrutar de nuestra salud en toda su integridad.
Existe evidencia de que cuando sufrimos soledad no deseada y no somos capaces de afrontar su aceptación, nuestra salud se ve afectada, desencadenándose una serie de problemas que se convierten como estar en una “jaula” de donde cada vez es más difícil salir y, por tanto, la situación se convierte en un “círculo vicioso”: estoy solo/a, estoy triste, me aíslo, no tengo ganas de nada, no me apetece relacionarme, no tengo contacto familiar, por lo que estoy más triste, me siento mal, me duele todo, etc., etc., etc.
Resultado: mi salud cada vez empeora más…
¿Existen factores externos que agravan esa sensación?
Además, existen diferentes factores externos que no ayudan en absoluto en el afrontamiento de la situación; por ejemplo, periodos vacacionales, periodo invernal donde las horas de luz son más limitadas, periodo de verano que en el caso de nuestra Comunidad Autónoma las altas temperaturas también limitan la interacción social.
Existen otras situaciones, como celebraciones, días festivos (cumpleaños, Navidades…), en los que parece de obligado cumplimiento la expresión de la alegría y todas sus connotaciones, cuando quizás no sea el momento más adecuado para la persona que lo vive desde su perspectiva y experiencia de vida.
¿Cree que el modelo familiar actual influye?
Otro factor que influye de manera importante debido al cambio en el modelo familiar actual, es el aislamiento familiar. En muchas ocasiones es difícil conciliar la vida laboral con el cuidado y la atención a los seres queridos; que en la mayoría de las ocasiones están siendo atendidos por personas lejanas a su círculo familiar, dando como resultado que los momentos a compartir con nuestros seres queridos sean cada vez menos frecuentes.
¿Qué recursos existen hoy para afrontar la soledad no deseada?
Hoy en día, afortunadamente contamos con múltiples recursos comunitarios a nuestro alcance, a los que podemos recurrir a través de los diferentes profesionales sanitarios, sociosanitarios, así como otras entidades locales y autonómicas.
Precisamente uno de los objetivos de este artículo es recordar a la población en general que: ¡¡¡NO ESTÁS SOLO!!! Podemos y queremos apoyar cómo afrontar esa situación no querida ni deseada.
Dentro de esos recursos comunitarios están las asociaciones, los grupos de autoayuda, las entidades de voluntariado… que ayudan a paliar esa soledad no deseada.
En otro orden de recursos, tenemos a las mascotas que son, con toda seguridad, un pilar emocional muy importante, que en muchas ocasiones dan rienda suelta a nuestras emociones y sentimientos.
Los profesionales sanitarios y sociosanitarios pueden indicar cuál sería el recurso más idóneo adaptado a las diferentes circunstancias.
¿Qué papel juega el trabajador social en este proceso?
El trabajador social, como es mi caso, juega un papel importante tanto para orientar a la persona a encontrar el recurso más adecuado en el afrontamiento de la soledad como para realizar una intervención basada en la descarga emocional y acompañamiento de la persona.

















