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Diario de campaña


por Alfonso Pinilla


 

Como Zapatero, Pedro Sánchez sueña con el premio Nobel de la Paz. Aquél porque pensó terminar con la ETA después de un kafkiano diálogo. Éste porque pretende hacer lo mismo con los independentistas catalanes. La domesticación del antisistema, la integración del polo opuesto, la teoría del buen salvaje que se aviene a aceptar las reglas del juego porque por fin encuentra a un estratega brillante al otro lado, capaz de seducirle contra todo pronóstico. Suárez, incluso, podría entrar en la categoría del negociador exitoso con el enemigo de entonces: un Carrillo con peluca. Pero hay muchas diferencias entre el hombre de frontera que fue Suárez y los Zapatero / Sánchez de ahora. Aquél venía de una dictadura para desembocar en la democracia. Éstos vienen de la democracia para desembocar no se sabe dónde. Y, por supuesto, la gran diferencia está en los enemigos a integrar. El PCE se moderó para acercarse a Suárez y participar en el sistema, los etarras volaron el aparcamiento de la T-4 justo cuando Zapatero creía haberles convencido del “no a la guerra” mediante el diálogo. Con Sánchez pasó, y pasará, lo mismo: ni siquiera aceptando a hablar de autodeterminación, relator mediante, ha logrado el presidente la venia de los independentistas para los presupuestos. Mañana tampoco lo conseguirá: la radicalidad de Puigdemont dinamitará el Nobel de Pedro I, el dialogante.