por Gerardo Hernández Zorroza
Nuestras educaciones y culturas nos han hecho creer que somos, o bien «superiores» (más guapos, más listos, más evolucionados, más…), o «inferiores». También sabemos que para «superar» ese sentimiento de inferioridad, tendemos, a menudo, a apuntarnos al grupo de los que se imponen en las luchas sociales, haciendo nuestras sus causas, sin demasiados remilgos, con pasmosa facilidad gremial a veces. A la inversa también ocurre, que aquel que se siente «superior», a menudo utiliza la táctica de rebajarse para sacar ventaja.
Entiendo que para evitar se siga repitiendo la misma historia, habremos de aprender a aplicarnos menos en combates externos –a los que nos ha acostumbrado la falsa política que votamos, como si así la hiciéramos verdadera– y hacerlo más en combates internos, como nuestra Educación con mayúsculas, porque una sociedad de individuos a los que se prermite hacer preguntas, que no son meramente adoctrinados, será prácticamente imposible de engañar, por muy apetitosos que resulten los señuelos que se propongan.














