por Gerardo Hernández Zorroza

Hoy que el cine y las pantallas en general parecen haberse adueñado de las mentes infantiles, se necesita más que nunca de buenos maestros, que no meros profesores de materias.

El conocimiento sin ese aporte de quienes procuran sacar la mejor versión del alumno, se parece más a los fuegos artificiales, que resultan muy espectacular, pero a la postre –y perdón por la generalización– es como un cáncer, que se alimenta de una casta de ignorantes ilustrados.

Para terminar, reconocer al maestro es también liberarlo, y no cargarlo de controles, de burocracia.