
La enfermera Mª de la Encarnación Nieto Corral del Centro de Salud Montijo-Puebla de la Calzada, explica cómo esta herramienta permite fijar objetivos concretos, medibles y alcanzables para mejorar la salud
Cambiar hábitos exige tiempo, constancia y apoyo
Cambiar un hábito relacionado con la salud, como “comer mejor, moverse más, dormir bien, dejar de fumar o reducir estrés”, es un proceso difícil para muchas personas. Así lo expone Mª de la Encarnación Nieto Corral, enfermera del Centro de Salud Montijo-Puebla de la Calzada e integrante del núcleo de Salud Comunitaria, quien recuerda que el problema no suele estar en la falta de información, sino en la dificultad de modificar rutinas consolidadas durante años.
Según explica, “los hábitos se construyen por repetición” y el cerebro los adopta “para ahorrar energía”. Por ello, acciones cotidianas como “comer algo rápido, tomar un café con azúcar, mirar el móvil antes de dormir o no salir a caminar cuando llueve” se realizan muchas veces “sin pensar”.
Nieto señala que cambiar un hábito implica “romper ese piloto automático” y obligar al cerebro “a crear un circuito nuevo”. Ese proceso, añade, “cuesta energía, atención y constancia”.
“No es falta de voluntad: es biología”
La enfermera subraya que el cambio genera resistencia porque “toda mejora implica una renuncia: a la comodidad, a un placer inmediato, a una forma de aliviar estrés”. En este sentido, apunta que el cerebro puede interpretar el cambio “como una amenaza” y enviar señales de “mejor lo dejamos para mañana”.
“No es falta de voluntad: es biología”, afirma Nieto, quien también advierte de que el entorno no siempre facilita el proceso. Frases como “en casa todos comen mal”, “no tengo tiempo”, “mi entorno no apoya” o “en el trabajo no hay descanso” reflejan, según indica, que cambiar un hábito saludable no depende solo de la motivación individual.
La profesional recuerda que también influyen factores como “la disponibilidad de alimentos saludables, los horarios laborales, el apoyo familiar, el acceso a espacios seguros para caminar o el estrés continuo”.
La salud no ofrece resultados inmediatos
Otro de los obstáculos, según Nieto, es que mejorar la salud “no da resultados inmediatos”. La enfermera explica que las personas buscan una gratificación rápida, mientras que los beneficios de la salud “llegan despacio, no se ven de un día para otro y requieren repetición antes de sentir recompensa”.
Por eso, añade, muchas personas abandonan a las dos semanas: “No se ven cambios visibles y se cree que se está fallando, cuando en realidad se está sembrando”.
En este proceso, considera que no basta con decir “voy a caminar más” o “voy a comer más sano”. Para que el hábito sea sostenible, debe formar parte de la identidad personal: “Soy una persona que se cuida”, “soy alguien que camina cada día” o “soy alguien que prioriza su salud”.
Objetivos SMART para pasar de la intención a la acción
En el ámbito sanitario, la prevención y el cambio de hábitos son claves. Nieto destaca que los profesionales se enfrentan al reto de acompañar a las personas para que transformen sus intenciones “en acciones reales y sostenidas”.
En este contexto, los objetivos SMART se han consolidado como una herramienta útil para fomentar la adherencia y guiar intervenciones de salud. Aunque surgieron en el mundo empresarial, la enfermera explica que pueden integrarse “en la práctica clínica, la educación para la salud y los programas comunitarios”.
Según expone, esta metodología mejora “la motivación, la adherencia terapéutica, la autonomía del paciente y el seguimiento profesional”. También puede ser útil en pacientes con enfermedades crónicas, en el seguimiento de familias y en talleres de prevención.
Qué significa SMART
SMART es un acrónimo que recoge cinco características que debe tener una meta para ser funcional en salud.
La S hace referencia a “específico”, es decir, que el objetivo debe describir con claridad qué comportamiento se quiere modificar. La M corresponde a “medible”, para poder cuantificar el progreso mediante días, minutos, raciones, pasos o registros. La A significa “alcanzable”, con metas adaptadas a las capacidades reales del paciente. La R alude a “relevante”, vinculado a una necesidad de salud. Y la T corresponde a “temporal”, ya que poner un plazo facilita el compromiso y el seguimiento.
Ejemplos aplicados a la alimentación, el ejercicio y el tabaco
Nieto plantea ejemplos prácticos para aplicar el método SMART en la vida diaria. En alimentación, una meta puede comenzar con “voy a comer una pieza de fruta al día durante dos semanas”. Una vez conseguida, se puede avanzar a “voy a tomar dos piezas de fruta al día durante dos semanas” y, después, “voy a tomar tres piezas de frutas al día”.
Para reducir el sedentarismo, propone objetivos progresivos como “voy a salir a caminar 10 minutos un día a la semana”, después “voy a salir a caminar 10 minutos dos días a la semana” y, más adelante, “voy a salir a caminar 20 minutos tres días a la semana”.
En el caso del tabaco, recuerda que “dejar de fumar es la mejor decisión que una persona puede tomar por su salud”. Entre los objetivos posibles cita “reducir el número de cigarrillos a la mitad en tres semanas”, “fumar un cigarro menos cada dos días”, “hoy pido cita con el médico para iniciar la deshabituación tabáquica” o “fijaré mi fecha definitiva para dejar de fumar dentro de 14 días”.
Una herramienta útil en Atención Primaria
La enfermera destaca que la promoción de la salud, los talleres con padres o los programas de cronicidad necesitan “metas claras y medibles”. En este sentido, los objetivos SMART permiten que cada intervención tenga “un propósito definido, una forma de medir la evolución y un resultado evaluable”.
Además, favorecen la participación activa del paciente y de su entorno familiar. Por ello, según indica, cada vez más centros de salud incorporan esta metodología al consejo sanitario estructurado, especialmente en el abordaje de patologías como diabetes, hipertensión, obesidad, ansiedad o dolor crónico.
“Establecer un objetivo SMART puede parecer un gesto sencillo, pero genera un impacto enorme: convierte el ‘tengo que cuidarme’ en un plan concreto y realista”, concluye Mª de la Encarnación Nieto Corral.
















