Se ha presentado en la Casa de la Cultura de Puebla de la Calzada el libro El milagro perpetuo de la vida, obra del dramaturgo y poeta poblanchino, Teodoro Gracia.

La presentación contó con la introducción del alcalde de Puebla de la Calzada, Juan Mari Delfa «cuando se une Cultura y Puebla de la Calzada, el resultado es Teodoro Gracia».

«Gracias Teo, por saber plasmar los sentimientos colectivos de esta pandemia», agradeció Delfa al autor.

En El milagro perpetuo de la vida, también está presente la firma de la escritora montijana Vanessa Cordero Duque«la cultura es necesaria, segura y sanadora. Que la necesitamos para curarnos las heridas, para evadirnos del bullicio exterior, para encender las luces que a veces, esta realidad se empeña en apagarnos», expresa Cordero en sus agradecimientos a todas las personas que han acompañado a Gracia en la presentación de su libro.

Teodoro leyó en la presentación el poema que aparece en su libro dedicado a los sanitarios.

En el acto han intervenido cuadro amigos del autor leyendo diferentes poemas, Jose Luis Rodríguez, con el poema Muerte en Soledad, Andrea, con el poema Dejadme, Simón leyó dos poemas, el primero dentro del apartado de Los damnificado y habla de la filas del hambre. El segundo dentro del apartado Imprudencia con Abominable azaña. Jose, dentro de Imprudencias con La Sombra de Caín, del apartado de Esperanzas con Nueva Primavera.

Teodoro cerró el acto con la lectura de un escrito dedicado a todas las personas fallecidas durante la pandemia de la Covid-19.

Siempre en el recuerdo

«Durante los días que escribía este libro, han desaparecido para siempre personas entrañables y queridas de las cuales no he podido despedirme por culpa de la pandemia como nos hubiese gustado a todos, a todos ellos quiero dedicar este artículo.

Los seres humanos, porque tenemos nuestros sentimientos a flor de piel. Ante un dolor inesperado de un familiar, un amigo o un conocido, nos emocionamos, nos lamentamos y sentimos un desgarro interior casi imposible de soportar.

En ese momento tenemos la necesidad de expresar nuestra impotencia y nuestro sufrimiento. Tenemos la sensación que nuestras lagrimas ácidas y amargas, enturbiarán para siempre nuestros ojos y nuestro corazón, las heridas por suerte, van cicatrizando y el dolor más sereno vuelve a ese espacio de nuestras vidas donde interminantemente nos sorprenderá a su antojo, pero la vida sigue, eso decimos todos y, hay que seguir caminando. Y hay que seguir caminando sin tristeza, pero sin olvidar jamás a los que nos dejaron.

En el momento que quedan en el olvido es como si no hubieran existido nunca, hay que recordar a los que se fueron reviviendo entrañables momentos, los más hermosos, recordar las miles de cosas que vivimos juntos.

Aquellas risas compartidas, aquellas metas compartidas, aquellos días de júbilo. hay que hacerlos inolvidables, que perduren para siempre y que no sea una frase hecha o un propósito espontáneo, si no, una hermosa realidad.

Si conseguimos que los seres queridos estén continuamente en nuestras conversaciones, en nuestras mentes, en nuestros sentimientos, estarán siempre con nosotros. Solo mueren para siempre cuando los dejamos morir en nuestros recuerdos porque a partir de ese momento empezaran a morir en nuestro corazón.

La tristeza o el dolor con el tiempo se acepta, se aprende a vivir y convivir con ello sin que te haga daño, pero los recuerdos siempre tienen que estás ahí y disfrutarlos, aquellas fechas inolvidables, momentos maravillosos disfrutados en familia y aquellos besos de cariño cada vez que se conseguía algo por lo que se luchaba juntos.

Siempre en el recuerdo, esa es la clave para que no se vayan nunca de nosotros, tratando de agarrar cualquier momento que nos traiga su imagen y recordar cada instante compartido con felicidad, rechazando, eso sí, todos aquellos que llegan a nosotros intentando nublar con lágrimas nuestros ojos. No siempre es fácil seleccionar los recuerdos, hay veces que llegan envueltos en tristeza y se acomodan en nuestra mente tratando de atormentarnos, pero hay que luchar y rechazarlos, porque el mejor regalo que podemos hacerle es recordarlo en la alegría.

No es prudente recordar enfermedades y momentos desagradables, ni todo lo negativo vivido, eso hay que olvidarlo para siempre, no nos hacemos ningún favor, recreándonos en ellos. Hay que recordar esos días que no querríamos olvidar nunca, que son muy especiales e intentar revivirlos de nuevo, refugiarnos en ellos y, hacer que esos seres queridos que ya no están fisicamente con nosotros, lo estén siempre y sobre todo, hablad de ellos, que sus nombres y su rostro se recuerden constantemente porque así siempre vivirán en nuestros recuerdos y estarán para siempre en nuestro corazón».

Teodoro Gracia

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