por Chema Álvarez

Por mucho que me gustaría que así fuera, dudo que la señora concejala de VOX en el Ayuntamiento de Lobón (pueblo de Badajoz) haya leído a Primo Levi o conozca ni tan siquiera su figura, de cuyo nacimiento se cumplieron cien años  hace unos días y ha sido considerado la memoria del Holocausto. La duda ante tamaña ignorancia me surge tras leer el infumable escrito –cuajado de garrafales faltas de ortografía-  que la concejala dirige a modo de oficio a la Delegada del Gobierno en Extremadura, en el que “exige” que “se tomen las medidas oportunas” contra las personas nómadas acampadas esporádicamente bajo el cercano Puente de los Suspiros, en la ribera del río Guadiana, a quienes relaciona, sin prueba alguna, con los robos en fincas rústicas y acusa de practicar la mendicidad, depositar basura y arrojar enseres. “Encima”, como dice textualmente en su escrito, “el aseo personal de las mismas deja mucho que desear”.

Ajena al más mínimo conocimiento de la legislación al uso, entre las “medidas oportunas” que exige la señora concejala, vigía y guardiana de las pulcras costumbres, solicita la “deportación” de estas personas a sus países de origen, que son otros de la Unión Europea. Cabe pensar que la señora concejala desconoce la historia, tanto la de su propio país como la del resto del planeta y diríamos incluso que la de la galaxia entera, dado que la “deportación” está tipificada como crimen de lesa humanidad en el artículo 7d del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, del que España es Estado parte, es decir, estatuto a cuyo cumplimiento está sujeto nuestro Estado.  En dicho estatuto se entiende por «deportación o traslado forzoso de población» el desplazamiento forzoso de las personas afectadas, por expulsión u otros actos coactivos, de la zona en que estén legítimamente presentes, sin motivos autorizados por el derecho internacional. Hasta ahora, el derecho internacional asiste a estos colectivos nómadas. Actuar contra ellos sería, en consecuencia, un crimen de lesa humanidad.

Cabe pensar que la señora concejala quiere decir “expulsar” donde escribe “deportar”, si bien el subconsciente del ideario fascista de su partido le traiciona cuando utiliza la palabra “deportación”, tan relacionada con la persecución, tortura, aniquilación y genocidio nazi que, incluso en Francia, es utilizada como sinónimo del Holocausto.

La memoria no sólo es frágil, sino huidiza. Entre los muchos tipos de afección de la enfermedad de Alzheimer destaca la progresiva pérdida de memoria colectiva. A la ignorancia de quienes desconocen por completo lo sucedido en Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial y en otros genocidios como el Gulag, se suma la intención de quienes, conscientes de lo que hacen, recuperan viejas y efectivas formas para medrar, cueste lo que cueste y caiga quien caiga, tales como la invención del enemigo imaginario, la incitación al odio y la creación del estigma en el cuerpo y cultura del diferente.

No importa que entre tales colectivos haya personas mayores, niños, gente que arrastra la miseria consigo mismo porque su nomadismo no es un estado de hecho, sino un estado de ser. No interesa buscar soluciones, alternativas, planes de intervención para mejorar su estilo de vida y evitar así “las molestias” de las que habla la señora concejala que, según ella, causan en su vecindario, inconsciente de que, seguramente, con la basura (visible) que dejan al paso de su paupérrima vida contaminan menos el agua y la ribera del Guadiana que lo que contamina ella y cualquiera de nosotros con nuestro estilo de vida consumista de usar y tirar (invisible).

Con escritos como éste se busca prender la llama de hogueras donde se pueda quemar al diferente, independientemente de la edad que tenga, al mismo tiempo que se rentabiliza un odio insano, convertible en votos. No hay reparo en señalar en la plaza pública al villano vil para que sea colgado de la picota con el aplauso del pueblo mientras después se acude a misa a pedir por los desamparados. Afortunadamente, la presencia de VOX en el Ayuntamiento de Lobón se limita sólo a esta concejala, lo cual invita a pensar que la inmensa mayoría del pueblo está en contra de estas prácticas insanas de hacer política.

Si no conoce a Primo Levi dudo también que la señora concejala y allegados conozcan a Hannah Arendt. De todos sus libros el que prefiero es Eichmann en Jerusalén. En él estableció el concepto de la “banalidad del mal”, el que señala que no hace falta ser un psicópata o una mala persona para acabar realizando los peores crímenes, si las circunstancias lo permiten e incluso lo avalan, como aconteció con Adolf Eichmann, encargado de la deportación (ahora sí está bien utilizado el vocablo) de millones de personas a los campos de concentración nazis. Se encargó de organizar el transporte ferroviario que condujo a mujeres, hombres, niños y ancianos de todas las edades a las cámaras de gas de toda Europa, como quien lleva el ganado al matadero. En el juicio Eichmann declaró, sin mentir, que jamás había matado a un judío con sus manos. En los campos de concentración murieron más de seis millones de personas.

Tratar de sacar rédito político del odio hacia los demás no es de personas decentes. El olvido de cómo acabó el uso de estas técnicas nos asusta cuando vemos escritos como el de la concejala de VOX, máxime aun cuando dicha práctica se va haciendo de uso común por Europa: hace unos días Salvini ordenó organizar un “plan de desalojo” en Italia contra los campamentos nómadas.

Es necesario escribir contra el olvido y denunciar este tipo de escritos. Urge, más que nunca,  releer en voz alta en medio de la plaza a Primo Levi.

Chema Álvarez