Y-si-nos-estuvieramos-olvidando-de-lo-que-realmente-importa
 por Vanessa Cordero Duque

Cuidar. El único secreto es cuidar. A los gritos mustios. A las llagas del campesino. Al hambre de la carne. No concibo un mundo sin sujetar almas, ni contemplar girasoles, ni arrancar mentiras de manos sucias. No contemplo un Universo sin abrazos, sin caricias en las matas de los cabellos de quienes lanzan luz a los campos de nuestras esperanzas. Cuidar. Al sol de las hojas.Al relente de unos pies sin más premonición que un camino con lluvia en los bordes. Me cuesta entender la fuerza sin la voluntad y el olvido sin el árbol de la memoria. Cuidar el cruce de un zumo de naranja con un puñado de pétalos sin destinatario. La vida es algo más que culpa. No somos jaulas ni semillas, somos la saliva de una cicatriz podada en otro cuerpo, el remedio a los quicios de otras bocas y el resguardo a la calidez de otro ser.

Cuidar. Cuidarnos. Sin más guerra que las palmas de unas manos en las nuestras. Sin la algarabía de un mañana entre las cejas de una promesa no cumplida. Cuidar como si hoy nos fuéramos a ir. Porque es posible que así sea. Que nos estemos despidiendo sin saberlo. Que no haya otra risa más que la que hoy nos parece tan pequeña. Que no la veas más con ese vestido. Que aquella foto perdida no vuelva a repetirse. Que aquel beso no tenga más fruto que el del recuerdo ya perdido. Cuidar mientras otros tropiezan con la inercia de lo material. Cuidar al miedo, bailar con las pesadillas, y lavar cien veces la llama del alma que aún nos invita a quedarnos aquí.

Piénsalo.Yo no soy nadie. Una mujer fantasma en un mundo huérfano de sentimientos. El desastre de unos ojos que no dan tregua a las excusas de la cobardía. Yo no soy nadie. La libertad de unas escaleras que no van a ningún lugar. No sé nada. No tengo nada. Frío, sed, jaquecas y una pulsera que es la enemiga de la amnesia de mi fecha de nacimiento. Pero quiero que entre la arena y el cielo no pongamos resistencia a los sentimientos, que le hablemos al pulso entrecortado de quien nos mira como si fuéramos un murmullo de luciérnagas en una noche eterna de agosto, que en una despedida nunca digamos adiós. Cuidar al rayo, al soldado de un libro, a la canción y a la mirada que anticipa un destino sin ojeras.

El único secreto es cuidar. Las calles. Las tartas sin velas de tus años por cumplir. El aliento ruidoso de los niños que no tendrás. El amor que nunca cruzó tu carretera y se burló de tu blanco papel. No hay más. Cuidar como si el mañana fuera una broma del cielo. Como si no fuéramos a perder nunca a quienes amamos. Como si fuéramos eternos. Cuidarnos. Cuidar. Como si la vida fuera la edición coleccionista de tus entrañas. Como si nada.  Como si todo. Cuidar. Cuidarnos.