virgen de barbaño
(foto: blog Cofradía Vera-Cruz Montijo)

Nuestra Señora de Barbaño en las rogativas del pueblo montijano (Siglos XVI-XIX)


por Pablo Iglesias Aunión


 

Los sucesos en el tiempo: 28 de agosto

Nos adentramos en la recta final del mes de agosto y Montijo siente en su interior la necesidad de responder amorosa y filialmente a la Madre y Patrona, Nuestra Señora de Barbaño. Cada 28 de agosto se abren todos los rincones de nuestros hogares para saludar desde la fe a quien es la Madre de Dios bajo esta advocación.

Quienes nos inmiscuimos diariamente con los asuntos de la Historia, deseamos con ella y desde ella encontrar la verdad de lo sucedido en el pasado. Giramos nuestra mirada hacia los acontecimientos que son repetitivos y a veces previsibles como pueden ser las fiestas, los calendarios, los actos públicos, las celebraciones y las cadencias festivas nacidas de los ritmos habituales de la vida (biológica, familiar, estacionales, etc.).

Dentro de estos actos anuales con los que nos encontramos está el mencionado 28 de agosto, momento en el que la imagen de la Patrona de Montijo es trasladada desde su ermita hasta Montijo (parroquia de San Pedro Apóstol y Parroquia de San Gregorio Ostiense) para presidir las fiestas en su honor (del 8 al 12 de septiembre) y quedarse hasta el primero domingo de octubre en ese imaginario colectivo que alimenta la piedad y religiosidad de un pueblo.

Para el historiador es una realidad que debe ser captada, analizada y estudiada desde el terreno de la Historia de la Mentalidades, que tiene unos ritmos y unas casualidades propias y que, al quedar reflejadas en el comportamiento religioso unido a lo popular, muchas veces alejado de lo oficial, genera el rico tejido de la llamada piedad y religiosidad popular.

Dominar el mundo desde lo religioso

Esencial para entender la devoción en torno a María de Barbaño es su Cofradía o Hermandad. Desde ella comprendemos mejor la manera de vivir, sentir y relacionarse el hombre montijano de los siglos de la Edad Moderna (XVI, XVII y XVIII), momento en la que ésta nace a la actualidad hasta la actualidad.

Existe un importante soporte documental conservados en archivos históricos nacionales, provinciales y diocesanos a través del cual podemos estudiar cómo y de qué manera, la voluntad humana y espiritual de los montijanos a partir de los años centrales de los siglos XVI (1553-1555), se expresan en rogativas espirituales y temporales a Nuestra Señora de Barbaño. En muchas de estas rogativas están los continuados traslados de la imagen desde su ermita en Barbaño hasta Montijo.

La Cofradía de Nuestra Señora de Barbaño muestra en la acogida de la religiosidad del pueblo montijano unas claves interpretativas muy especiales, las cuales nos ayudan a entender que el gran protagonista, junto a María, es el pueblo de Montijo quien se dirigirá a su patrona con rogativas espirituales y temporales. 

Virgen de Barbaño
(foto: web Parroquia de San Pedro Apóstol)
  1. A) Exvotos y las ofrendas: a principios del siglo XVI, sobre el año 1605, la ermita de Nuestra Señora de Barbaño ya poseía un espacio reservado para acoger este tipo de ofrendas: “Tiene el arco toral de ella, una reja de madera en la cual estaban colgadas diez muletas de enfermos”.

Un “exvoto” es una ofrenda pública de un objeto que el hombre de fe realiza a un ser sobrenatural. Lo hace como actitud de agradecimiento, como respuesta a un favor recibido.

Fue igualmente el caso del exvoto pictórico que explica la afamada conversión del moro esclavo del III Conde de Montijo (don Cristóbal Portocarrero y Luna). De nombre Antonio, fue bautizado el 15 de agosto del año 1623, tras ofrecerse dentro de unas rogativas que habían provocado la presencia de la imagen de la patrona en Montijo ante la incipiente sequía. La llegada de la lluvia “tras estas rogativas” hizo que aquél se convirtiera al cristianismo (acta de bautismo en el Libro II de Bautizados de la Parroquia de San Pedro).

Otro claro ejemplo en este mismo sentido nos lleva hasta el año 1801, cuando los labriegos montijanos ante la sequía vuelve pedir en rogativa: “Mil y quinientos y tres reales ocho maravedíes, por el novenario que los labradores realizaron en rogativas por las lluvias en el año de esta cuenta”.

  1. B) La muerte: si hay un tema que hizo recurrente al pueblo montijano hacia la figura de María de Barbaño ese fue la muerte. El comportamiento religioso adquiere una impronta especial. Véase el caso, también relacionado con los exvotos, del cuadro que en la ermita hoy nos cuenta el milagro que la Virgen hizo en Montijo alejando la temida peste del cólera Morbo (1854-1855). Al pie de dicho cuadro podemos leer: “En el año de 1854 penetró el cólera morbo en Puebla de la Calzada, los montijanos consternados por su proximidad, invocan a Nuestra Señora de Barbaño, atendiendo a sus ruegos y tendiendo su manto de la misericordia sobre su pueblo, ahuyenta la mortal guadaña que huye entre nubes tenebrosas y despeja la atmósfera. Derrama esta Señora sobre sus devotos, la pureza y claridad de su gracia, restituyéndoles la tranquilidad…”
Fragmento del exvoto-pictórico en la Ermita de Barbaño
Fragmento del exvoto-pictórico en la Ermita de Barbaño

Quien fuera en Montijo profesor de Instrucción Primaria don Santiago Barrena, compuso una súplica a la Virgen de Barbaño para que nos libre del cólera: “¿Qué delito cometió Madre mía de Barbaño el Montijo en este año para usar tanto rigor? Si otra vez se salvó como milagro patente, Vos que cual Madre indulgente os mostráis con vuestros hijos, retirad ya del Montijo este cólera imponente”.

Un estudio aparte merece el tema de las llamadas mandas testamentarias, acudiendo a la protección de María de Barbaño después de la muerte. Ahora citaremos únicamente uno de esos casos (puede consultarse este tema en la obra titulada Historia, Religión y Fe en Nuestra Señora de Barbaño. Piedad y Religiosidad Popular en Montijo, páginas 46-49.- Pablo Iglesias Aunión), concretamente en el testamento de la beata Marina Sánchez del año 1583, al dejar un real por el sufragio de su alma mediante la intercesión de María de Barbaño.

Hay un claro deseo por parte de los montijanos por obtener la protección de María de Barbaño, especialmente al llegar el trance de la muerte que como es lógico, en una sociedad marcada por una mentalidad religiosa, la advocación a su patrona toma un protagonismo esencial. Citar por ejemplo los testamentos de Isabel Rodríguez (1668); María Gragera (1670); el presbítero Fernando Sánchez (1681); Juana Martín (1681); Juan Macías (1682); Diego García de Mendoza (1674); Álvaro González de Roa y Fernando Sancho (1699).

Traslados de la Imagen: Ermita Santuario y Villa

Indudablemente todo el movimiento colectivo del pueblo montijano, su devenir devocional en torno a la Patrona hace que en la documentación quede reflejado otro aspecto interesante: los momentos de traslado de la imagen.

La documentación estudiada entre los siglos XVI al XX, están llenas de alusiones y de continuas referencias a celebraciones y festividades que sin duda conllevaron en muchas de ellas la movilidad de la imagen (ya lo hemos visto en las rogativas), lo que no suponía que una, la festividad o invocación mariana llevara a la otra, salida de la imagen del santuario y sobre todo traslado a Montijo.

En el año 1605, la ermita poseía en su parte exterior un altar: “Tiene en lado derecho, como se entra en dicho portal, un altar de ladrillo en el que se dice misa cuando se va en procesión a por ella” Esto supone hablar de que ya a inicios del siglo XVII, posiblemente a finales del XVI, la imagen salía de su ermita, bien porque por motivos festivos o de rogativas, dicha imagen era trasladada a Montijo o ubicada en ese altar exterior.

Unamos a todo lo anterior los capítulos de la historia devocional a María de Barbaño que dan sentido y explicación a la festividad en torno a la Patrona en septiembre y completamos una de las realidades más interesante e importante que pueden ser conocidas de la historia local. Conocimiento que tiene que ser legado a nuestras generaciones y que reclama constantemente una difusión en muchos ámbitos actuales: culturales, escolares, religiosos. Todo ello con una adecuada pedagogía y una didáctica que sirva para dilucidar el componente religioso que nuestro pueblo tiene en su historia, en la fe a su Patrona.