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por Pablo Iglesias Aunión


(II parte)

Como definíamos en la primera parte de nuestro estudio sobre el arte ornamental en el templo de San Pedro Apóstol, los retablos fueron creados para cubrir la parte trasera del altar mayor de las iglesias.

La estructura de un retablo es mucho más compleja de lo que generalmente estamos acostumbrados a ver, oír de ellos e incluso podamos llegar a conocer. En el cuerpo de un retablo existen divisiones verticales que reciben el nombre de calles, separadas a veces entre ellas por otras más estrechas que reciben el nombre de entrecalles. Las divisiones horizontales en un retablo son los llamados pisos o cuerpos. Algunos, no es el caso que nos toca analizar, poseían una polsera o guardapolvos que lo quedaba enmarcado.

Finalmente, un retablo en todo su esplendor comprendería dos grandes piezas, las puertas, que sujetas por goznes a sus extremos laterales, podían cerrase sobre el para resguárdalo.

Tampoco estuvo dotado nuestro retablo de tales puertas laterales, el cual ni siquiera parece ajustarse a las medidas de la propia cabecera.

Si posee el de san Pedro una prolongación de la calle central que sobresale del último piso y recibe el nombre de ático, que en nuestro caso queda plasmado con una tabla temática sobre la crucifixión y dos laterales de las que ya hablaremos.

La Capilla Mayor se hace nueva sobre otra más antigua: los inicios del siglo XVII, 1600-1605

Avanzadas las obras en la segunda mitad del siglo XVII sabemos que la fábrica del crucero y capilla mayor, así como de las remodelaciones necesarias en su fábrica junto a la puerta principal del templo montijano, se las encargaron a inicios del siglo XVII a Francisco Montiel (1555-1615) y a su hijo Bartolomé González Montiel (1578-1628), artesanos y artistas al servicio de la Casa Ducal de Feria y en este caso maestros mayores de las obras ducales[1].

Puerta principal. Obra de los Montiel. (Foto: Archivo de San Pedro Apóstol)

Hablar de Montijo en estos momentos obliga a que hagamos referencia de otros edificios e instituciones importantes porque es adecuado que el lector sepa situarse contextualmente en el espacio y en el tiempo correcto para así, tener una mejor visión de lo que queremos ofrecer. De esta manera a inicios del siglo XVII describir Montijo arquitectónicamente es hacer referencia junto al mismo templo parroquial, de la ermita de los Mártires, del hospital de pobres, de la ermita de San Isidro, de la ermita de Santa Ana y como no, de la ermita de Nuestra Señora de Barbaño.

Volviendo al templo parroquial hemos de prestar atención a novedades tan admirables que nos separan de aquellas formas góticas tardías propias de los siglos XVI-XVI y sobre las que en la actualidad podemos recrearnos observándolas (insistimos en reconocer bien la riqueza de nuestro patrimonio histórico-artístico). Así es su puerta principal obre del maestro Montiel: “Tiene una puerta grande, con arcos de piedra y cuatro pedestales, basas y pilares, y capiteles a cada lado. Con dos columnas jónicas. Tiene un friso de mascarones al romano y encima de dicho arco un frontispicio”[2].

Montiel trabaja en los años iniciales del siglo XVII luego son formas ya clasicistas, propias del Renacimiento (tardío, pues a Extremadura llegan estos estilos con cierta tardanza cronológica), y de la dirección del maestro y de la de su hijo nacerá el crucero que se añade a las capillas anteriores para configurar y diseñar el maestro zafrense una obra que como nos dice Juan Carlos Rubio Masa [3], responde a un iglesia de planta de cruz latina, con un ábside poco profundo y recto, con cúpula sobre pechinas en el crucero y un abundante uso de la cantería para pilastras e impostas (sillares sobre los cuales va asentado un arco).

Respecto a la capilla mayor que es indudablemente la que ahora nos interesa más pues es donde se ubicará el altar y por tal el retablo mayo, entre 1604 y 1605 está siendo sometida a una serie de obras de remodelación y modificación: “La capilla mayor muy antigua, dice la visita pasada que Paresció haberse desecho y se ha comenzada a hacer y fabricar otra…”[4]. A esta capilla se accedía por medio de una puerta labrada de cantería que se situaba en la parte norte, puerta que actualmente está cegada y que es la que se puede observar desde los actuales aparcamientos tras el templo y desde el interior, junto al retablo de Santa Ana.

Puerta de una de las sacristías. (Foto Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol).

La capilla que se está labrando es ancha pues tiene aproximadamente unos noventa pies (equivalente a uno 27,4 metros), es decir, nos están describiendo el transepto (nave transversal que forma el brazo corto en una iglesia de planta de cruz latina), que configura así el crucero actual que se dividía en tres partes: la zona central donde se levantaría la cabecera y sobre la que más tardes aparecerá ubicado el retablo mayor y otras dos, como ya hemos indicado que hacen a derecha e izquierda de sacristías.

Estos espacios que se están levantando en el momento de la visita del año 1604 lo hacen sobre arcos de cantería, con columnas estriadas, basamentos y capiteles. Las ya mencionadas sacristías cuentan cada una de ellas con unas escaleras de caracol que están fabricadas igualmente con piedras de cantería: “…toda la obra que está fecha hasta ahora es la más suntuosa de toda la provincia y en esta forma se acabó la visita a la iglesia de la villa, en seis de febrero de mil y seiscientos y cinco años[5].

Francisco Morato Maestro Entablado: la hipótesis de un retablo realizado entre los años 1611-1628

Tenemos definido y perfilado arquitectónicamente el espacio donde va a ser ubicado el retablo mayor el cual debió ser realizado entre los años 1611 y 1628 por dos motivos. El primero de ellos lo acabamos de describir con el proceso de realización y finalización de las obras de la capilla mayor.

La segunda hipótesis que nos acerca a las fechas de la contratación y ubicación del retablo nace de la exposición durante el desarrollo de las II Jornadas de Historia de Montijo, de la mano de Francisco Tejada Vizuete quien hace referencia a uno de los autores que intervienen en la realización de dicho retablo mayor, el portugués Francisco Morato [6].

El Retablo Mayor es obra nacida con casi toda probabilidad en cuanto a su estructura y montaje de las manos del entallador portugués, que bien pudo realizarlo entre los años 1611-1628, años en los que estuvo afincado en Mérida. A él se le encargó precisamente para ocupar el nicho central de dicho retablo un rico sagrario (por valor de 1.000 reales de vellón, hoy desaparecido), pues el actual es una donación del siglo XIX.

Desconociendo el autor o autores de las tablas que decoran las calles podemos tipificar el retablo como clasicista; iconográficamente apostólico; pictórico, de casillero y plano [7].

Resulta de una magnitud considerable y una de sus novedades reside en la cierta libertad que se toma en la composición si bien, nos parece claramente inspirado en la gran cruz de plata que describíamos en la primera parte de nuestro estudio, donde mucho elemento que la ornamentaban, aparecen representados pictóricamente.

Columnas corintias en el cuerpo inferior. (Foto Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol).

Los órdenes de las columnas son invertidos (otra de las novedades del retablo): corintio para la parte inferior, dórico y jónico en los otros dos superiores. En la actualidad el retablo está presidido por la imagen de san Pedro sentado en su cátedra ocupando la parte central y bajo éste, en la hornacina inferior la imagen de la Inmaculada.

El segundo de los cuerpos, ocupados por las tablas de las que por ahora desconocemos la autoría o autorías, siguen el siguiente orden: en el zócalo del retablo, de derecha a izquierda y en tablas apaisadas los evangelistas (en ambas tablas extremas) y en las centrales del zócalo los doctores de la Iglesia. Junto a la hornacina de la Inmaculada y leyendo en el mismo sentido de izquierda a derecha: San Andrés, San Pedro, San Pablo y Santiago el Mayor.

Detalle de una de las tablas del zócalo del Retablo representando a uno de los doctores de la Iglesia. (Foto: Archivo Parroquial de San Pedro).

Junto a la hornacina de San Pedro: San Simón, San Juan, San Mateo y San Felipe. Las cinco tablas inmediatamente en el cuerpo superior a éstas: Asan Matías, San Bartolomé, Asunción de María, Santiago el Menor y Santo Tomás. Rematado por el ático la crucifixión y a derecha a izquierda de ella, dos tablas que nos vuelven a remitir a la cruz que ya hemos descrito y que volvemos a referenciar cuando se nos decía que acompañaban al Crucifijo labrado las figuras de la Magdalena y un pelícano, temática que creemos se escenifican en esas tablas que terminan de configurar el ático del retablo (nos lo dirá el proceso de restauración, pues no deja de ser actualmente una hipótesis).

Todo ello obras y ornamentación, bajo la responsabilidad del que era cura párroco en estos momentos, el licenciado Saldaña, religioso perteneciente al hábito de San Pedro y que había recibido el título de colación por Real Provisión firmada por Francisco Gutiérrez en el Pardo el cuatro de diciembre del año 1600.

Si miramos en su totalidad la magnitud de la obra que nos ha llevado esta breve redacción de dos artículos (pueden imaginar que el tema nos daría para mucho más), cualquiera de nosotros no tarda en percatarse de que la necesidad de una restauración y por tanto, la recuperación del mismo es algo que urge.

La preocupación de toda la comunidad parroquial de San Pedro Apóstol con su párroco a la cabeza, don Pedro Gómez Serrano, queda sólidamente definida para poner el programa de actuación que se ha puesto en marcha y que comienza por la recepción de donativos que ayuden a sufragar los prácticamente 150.000 euros que cuesta todo el proceso (apertura de una cuenta en un banco de la localidad: IBAN ES40 0075 0719 71 0600140782), pero de la misma manera, la concienciación de la riqueza patrimonial que dicho retablo supone para Montijo.


1. Cf. J.C. RUBIO MASA, El mecenazgo artístico de la casa ducal de Feria, 282-289

2. P. Iglesias Aunión, Historia de la Comarca de Lácara. Del Medievo a los Tiempos Modernos, 202.

3. Cf. J.C. RUBIO MASA, El mecenazgo artístico de la casa ducal de Feria, 289

4. Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Sección, Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago, Libro de visitas del año 1500. Número, 1.017c. MCF: 31. Montijo año 1605.

5. ÍDEM, nota 4

6. Se trata de su ponencia titulada La capilla mayor de la iglesia de San Pedro Apóstol de Montijo y su retablo, en el contexto artístico bajo-extremeño de la época. Dicha ponencia fue publicada en las correspondientes actas en 1996 coordinadas por Antonia Gómez Quintana (págs. 46-49).

7. Cf. R. HERNÁNDEZ NIEVES, Retablística Baja Extremadura. Siglos XVI-XVIII, 171


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