por Francisco Bautista Gutiérrez
El miedo es una pasión peligrosa, es el origen de prácticamente todos los estados de violencia, por él se cometen asesinatos y se consigue ser un héroe.
En una democracia el poder lo decanta el pueblo y últimamente, la clase política no se da cuenta de ello, actúan con ignorancia rayando en la chulería y tratándonos de lo que algunos de ellos llevan adherido a sus personas, esto es de ser unos ignorantes, utilizando la política para sus intereses personales, para definir su identidad, la de personas carentes de aquellos principios que han de ir innatos en la persona, y más en ellos: honradez, honor, responsabilidad….
La política y políticos pasa por algo más de permanecer sentados en unos cómodos asientos escuchando, aplaudiendo y riendo los chascarrillos, su ámbito, global, multipolar hace de ella un ente vivo, vigente, con fuerza y vigor en todas sus vertientes y como humana tiene la obligación de estar costantemente pensando, proyectando, luchando por un futuro mejor para todos.
Es cierto que es imperfecta, que está en crisis no ya el concepto de política, sino los que trabajan en nombre de ella, hemos pasado por una etapa convulsa, nos han acorralado y asediado con datos y noticias y nos hemos vuelto pesimistas, cosa fácil en los tiempos que corren donde el sistema controla los medios de comunicación dando lugar a esa presión desde todas partes, haciéndonos creer que se hace mucho cuando en realidad no se hace nada.
Y no sé, ya se desplomó el comunismo, el capitalismo campea a sus anchas, y aquella lucha, aquella guerra fría entre poderosos, es algo que pasó a la historia, hay movimientos a nivel mundial, occidente pierde influencia, oriente la aumenta en todos los aspectos, económicos, militar, e incluso moral, cierto que en algunos casos lavando el cerebro a los ciudadanos, pero eso también sucede en occidente.
No es difícil cambiar el concepto de lo que hay que hacer, un político que se precie como hacen algunos, porque negarlo, es atender las necesidades del pueblo más que del individuo, no cuestionar nada más que lo imprescindible, dejar que la razón les guíe y aplicar inteligencia, pasión y voluntad en todas sus actividades, alejar la desconfianza que la sociedad tiene en ellos.
Ya sabemos quiénes somos, los conflictos entre ricos y pobres han de desaparecer, al menos para el político que tiene que tener claro que la cultura puede dividir, pero también unificar a gente de distinta ideología.
No tiene el político que temer por la pérdida de su escaño si sabe cómo actuar, si deja de pensar en él para abrirse a la sociedad, lo ideal es que al menos sea entendido por los que les votamos, primer paso para implicarse en buscar una vida mejor para los ciudadanos en general.



















