por Francisco Rangel Rodríguez
Al amigo Juan Domínguez Delgado
Te canto hoy, cuando de mí te alejas,
como culto debido a la amistad.
Hoy te canto, sumido en el recuerdo
de las sendas que juntos compartimos
en la caza, el flamenco, el día a día,
sin mediar la razón del interés.
Para que ello sirva de homenaje
a toda relación que los humanos,
a través de la mutua convivencia,
disfruten a lo largo de su vida.
Es la bondad con que se lleve a cabo
quien regula los hechos compartidos,
las intenciones puestas en el acto.
Entre nosotros ello se ha colmado,
a pesar de la corta convivencia,
pues el tiempo no marca la intención,
se produce de forme natural,
no hay que poner esfuerzo para ello.
Cada vez que de auxilio he precisado
ahí estaba tu mano en mi socorro.
Y es que, cuando el amor de amigo llega
hasta mudar la mera convivencia,
el corazón se ensancha, se engrandece
y la mente se encuentra más conforme.
Es por ello que tengo que ofrecerte
estos humildes versos, devenidos
desde el fondo del alma del poeta,
para que no se quede en el desván
donde se guardan cosas inservibles,
esta amistad que hoy en día nos unió.
















