opinion

por Antonia Gómez


 

Al grito de ¡A mí la Legión!, los del barrio de Salamanca se han tirado codo con codo, a pisar las calles nuevamente de lo que fue un Madrid desactivado.

Con las mascarillas de la bandera patria, la cubertería de plata y los palos de golf dándole al mobiliario urbano, como antaño el Cojo Manteca con la muleta,  se han lanzado a manifestarse en ruidosa cacerolada del Club del Coleccionista, contra la chusma de pelandruscos y piojosos rojos.

Tras las maldiciones del gentío por no respetar el distanciamiento, han optado por salir en los coches de alta gama, proceso por el cual las vías públicas se han convertido en improvisada caravana del Orgullo Patrio.

En tanto ha comenzado la desescalada, palabro al que la RAE le está dando vueltas para que deje de ser un pelado antónimo, y que los Ñus han entendido como ¡A los Botellones!

Esto me recuerda a esas películas de catástrofes que se hicieron famosas en los años setenta, tal que el “Coloso en Llamas”, “La Aventura del Poseidón”  o “Terremoto”, esta para colmo con Sensorium, a saber que sonidos y vibraciones se hacían presentes en la sala.

En las pantallas mientras se hacia el amor, una canción monísima amenizaba al pasaje o las madres llevaban a los niños al colegio, un lejano preludio de cataclismo acompañado por un “Uhmmmmmm”, mostraba al estupefacto espectador un humeante cable, una ola gigante surfeando el horizonte o como un tic del sismógrafo pasaba desapercibido.

Pues eso mismo pasa ahora, mientras el gentío pasea desenfadado por las vías públicas o disfruta de la barbacoa, el invisible aliento del Covid con su “Uhmmmmmm” dobla las esquinas.

Así se acabó el novelereo, dejando los balcones mudos de aplausos y los carteles del arco iris en los contenedores, y de seguro, los perros adoptados durante el grueso de la crisis volverán a las perreras.

Lo que no sabemos es que pasara con tanto sano deportista, que en la España del “potorro”, a saber la hincada el coño en el escay, se han tirado a los caminos y de ahí, sin solución de continuidad, a las corrientes del fisioterapeuta para aliviar lesiones.

En el pueblo nada difiere del resto de nuestra hermosa piel de toro, a saber, plazas y Atrio hasta las trancas como dice una amiga por allí ya están en la fase 25.

Proceso por el cual toda vez la cagada haga su efecto, los hospitales se peten y los sanitarios nos peguen un tiro por gilipollas nada más entrar por la puerta, “Allí será el llanto y el crujir de dientes” como decía San Lucas.