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por Antonia Gómez


Al día de hoy, mi héroe era Joan Baldoví, ese San Isidro del siglo XXI, agitando un ramillete de arroz mientras perchaba, como un Tonet cualquiera, entre las cañas y barros del Congreso.

Ahora es Don Simón, no el del vinazo sin despreciar a nadie, sino el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias en el momentazo corona virus.

Amo su voz de Bonnie Tyler, las cejas de Adolfo Domínguez y sus maneras de gueisa a la hora de hacer mutis por el foro.

Pero lo que más me gusta de este Orzowei de la pandemia, que se lava las manos en las fuentes del Nilo, es que a Carmen Lomana le da “verdadero asco por infinidad de motivos” en especial por sacarse bolitas de la oreja con las uñas, “píldoras pin “si fueran de la nariz.

Se ve que al pellejo, embutido en un lujoso trapo y cosido a una dorada peluca, no le repugna un pelo suyo en las cazuelas de Master Chef Celebrity, al fin y al cabo es de nailon.

Y mira que el hombre estará acostumbrado a los chamanes burundeses, pero lo de López Obrador sacando estampitas y detentes, le ha debido dejar como a un cartón meado por la mismísima serpiente emplumada.

Que criarse en favelas y alcantarillas dice Bolsonaro ha inmunizado a su población y al igual Trump, que tiene en mente un descaste de pobres entre la población, alivia a los yanquis pasándole el Norton Security, y de paso no para la producción.

Al día de hoy tienen a los muertos por las calles, ni que decir con los escapularios colgando del pescuezo y los discos de instalación del Norton en la caja.

Así que Don Simón, cansado de desayunar con la curva enhiesta del Covid, al oído Cobi

Mascota de Barcelona 1992, está más Ojiplático que Kaa la pitón del Libro de la Selva, con tanto mamarracho en ciernes.

En estos momentos las que al fin se sienten comprendidas son las ostras, ellas a lo suyo haciendo perlas, y sin recibir aplauso alguno. Ahí lo dejo.

Porque ya hemos visto a los chinos que han salido a la calle a escape libre haciendo “perlita”, como una Rieju, que viene siendo lo que han criado en el confinamiento.

Desmantelada la Semana Santa tenemos la paralela, a saber la procesión Magna de las ocho de la tarde, al menos en mi pueblo donde salen hasta las grúas, a modo de  cabalgata de las Valkirias, porque Wagner es muy de Apocalypse Now.

A Don Simón lo retiró un par de semanas la somnolencia que le dio la enfermedad, o al igual se tufo como muchos, por unas medidas higiénicas disparatadas; pero el Bello Durmiente parece que ha espabilado y ya está al lado de la cuota femínea, a saber Pilar Allúe Comisaria de la Nacional, trasunto miope de María del Monte, que para mí ha puesto el Ministro de Cultura como desagravio a los titiriteros.

Lo que ha dado el encierro es mucho torero salón, porque la OMS aviso en enero, pero aquí nadie dijo ni Mu, no obstante a la luz de los hechos parece que la oposición se ha enterado ahora y ha salido con toda la artillería, incluido Abascal dispuesto a sacar los tanques a la calle para matar virus a cañonazos.

Dicen que es de transmisión zoonótica, a saber que el germen ha pegado un salto a lo Fosbury del murciélago, tiembla Nosferatu, al hecho humano, sin solución de continuidad.

Y para mí que hemos dejado de ser Naturaleza, y que nos quiere devolver al redil despachándose con este heraldo invisible y encabronado a modo de bíblica colleja.

Mientras, para ver cómo le van las cosas a los dioses de la creación, por tierra mar y aire nos visitan osos, delfines y pavos reales, hasta nuestras jaulas para ponernos un espejo delante como a los periquitos o por si nos da por tirarnos a un pozo como las pegas borrachas.

FuenteAntonia Gómez
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